Platos de bodegón desde el corazón del barrio

Comer en un club del barrio, cerca de casa, no sólo es una solución cuando nadie tiene ganas de cocinar en la familia. También es una experiencia que transporta a las épocas en que los clubes de barrio eran el epicentro de la vida social y deportiva.

Uno de esos clubes, es el Club Martinez. En uno de los salones del comedor, antiguamente, había una cancha de bochas y detrás una de squash, que hoy se usa para eventos. De la casa original, donada por la familia Lynch, solo queda la fachada, muy bien conservada.

Corría 1901 cuando comenzaron a funcionar la Sociedad de Socorros Mutuos y la Sociedad Cosmopolita, un punto de encuentro entre vecinos, abierto a todas las comunidades. Al lugar se lo conoce como Club Martinez, porque también fue sede de esa institución.

“Siempre hubo buffet, aunque en una etapa estuvo cerrrado, pero al restaurant como lo conocemos hoy, con su cocina de bodegón, lo creo Eduardo Di Antonio, quien durante tres décadas lo atendió junto a su familia”, recuerda Raul Scalabrini Ortiz, socio del club y nieto del homónimo político y periodista, quien concurre desde hace 20 años a jugar cartas con amigos, los jueves a la noche.

En el ultimo tiempo cambiaron algunos detalles de la decoración, revisaron las recetas, ampliaron la ofertas de platos del día y la de vinos, imprimieron la carta y contrataron wifi.

“La comida sigue siendo sencilla, honesta y a buen precio”, resume Raul, y recita los platos del día que escriben en un pizarron: “Lunes, pastel de papas, martes, albóndigas con puré, miércoles, arroz con pollo, jueves, bondiola a la cerveza negra, viernes, filet de merluza, sábado, guiso de lentejas y domingo, arroz con mariscos”. Tres opciones para probar, las rabas, el matambre con ensalada rusa y la bondiola a la cerveza negra con puré de batatas. De los postres, el mousse de chocolate y las frambuesas con helado.

El lugar tiene dos salones y un patio que se habilita para comer afuera, en total 70 cubiertos. En el primero comedor hay chimenea y perfume a leños, antiguas copas de campeonatos y claraboyas en el techo. Ademas sumaron lamparas con luces cálidas y manteles de ecocuero.  En el segundo salón, se exhibían radios antiguas, pero en la actualidad las cambiaron por cuadros campestres.

Fuente: Revista Brando