“La crisis ya no es económica, sino política”, repiten los asesores de inversión locales

La cotización del dólar se disparó ayer 3,7%, al cerrar cerca de los $45 para la venta al público ($44,92), y la tasa de riesgo país aceleró su deterioro al trepar de 868 a 963 puntos (+11%) en la jornada, al cabo de una rueda complicada para los mercados emergentes en general, pero particularmente áspera para los bonos y acciones argentinos.

El renovado castigo se dio en medio de un renacer de la aversión global al riesgo, como quedó reflejado en la compresión del 2% promedio que mostraron las tasas de los bonos del Tesoro de Estados Unidos, considerados un refugio de inversión en tiempos de inestabilidad.

Pero el marcado diferencial que se pudo ver en el castigo sufrido por el peso (se devaluó en la jornada 2,3 veces más que el real brasileño o cuatro veces más que la golpeada lira turca), los títulos de la deuda local (cayeron del 1,5 al 5%) y las acciones argentinas (se desvalorizaron hasta 13,6% en Wall Street) dejó en claro que la Argentina enfrenta una fuerte crisis de confianza, algo que la mayoría de los operadores vinculan con una situación política impredecible que no permite a los inversores plantear horizontes.

“La crisis ya no es económica, sino política”, es el latiguillo más repetido por los asesores de inversión locales y extranjeros, que ya no se animan a plantear escenarios para estimular apuestas de sus clientes.

Buenos datos en segundo plano

Como ejemplo del recelo citan la nula atención que los mercados prestaron a los buenos datos que mostró la economía local en los últimos días, en alusión al sobrecumplimiento de las metas fiscales del primer trimestre (que allana el camino para acceder al próximo desembolso del FMI) o el superávit comercial de US$1183 millones en marzo, divulgado ayer.

“El punto de quiebre llegó con la encuesta de Isonomía, consultora que en el mercado se conoce como ligada al Gobierno. En los días siguientes los fondos de inversión aceleraron la reducción de su posición de cartera en la Argentina. Esto llevó a que otros inversores que aún compraban, tentados por los rendimientos, dejaran de hacerlo e hizo que los que estaban en una posición neutral pasaran a vender o tomar seguros contra default porque el mercado no les daba chance de salir a los precios que querían”, detalló el economista Norberto Sosa, director de Invertir en Bolsa (IEB).

El aporte de Morgan Stanley

En el mercado adjudican la particular virulencia que mostró la ola de ventas a un informe de Morgan Stanley que describía los activos argentinos como “baratos”, pero “no recomendables” para invertir por la incertidumbre electoral y los pésimos resultados que el gobierno de Macri estaba mostrando en materia inflacionaria. A eso se sumaron versiones sobre una posible reestructuración futura de la deuda.

En realidad, los precios de los bonos locales del tramo medio de la curva comenzaron a tener incorporada esa posibilidad desde la última parte de 2018, cuando se hizo visible que el blindaje del FMI solo se estiraba hasta el final del mandato de Macri.

De allí que los ubicados en el tramo medio de los vencimientos (de 2020 a 2026) casi duplicaron su rendimiento (del 8 al 15%) en apenas tres meses, y desde entonces la curva de deuda argentina pasó a estar invertida, mostrando una creciente incertidumbre sobre la actitud que tomaría la próxima administración con ese pasivo.

“El mercado había subestimado la probabilidad de un escenario con CFK como candidata y competitiva, y las últimas encuestas dejaron mal parado al oficialismo de cara a un ballottage. Esto llevó a los inversores a revisar su posición en la Argentina, lo que se hizo más notable en un entorno global enrarecido, aunque no puede considerarse ese caldo de cultivo determinante del castigo que sufrieron los activos argentinos”, juzgó Nery Persichini, gerente de inversiones de GMA Capital.

La Nación