¿Qué sabor tiene la idea?

Las empresas se están acercando a llevar al mercado carne a base de plantas y producida en un laboratorio, pero la pregunta ahora es si los consumidores van a tragar esa idea.

Desde tiempos inmemoriales, los humanos han pensado en la “carne” como algo natural, un animal que corría antes de que lo mataran y prepararan mediante algún medio de cocción.

Pero en los últimos años, varias experiencias de laboratorio, han cultivando trozos individuales de carne sintética.

Es el caso de la inglesa Artemys Foods, que más allá de la síntesis de la proteína, piensa en “empoderar” a la civilización. “Estamos en una misión para empoderar a la humanidad para que coma de manera sostenible”, sostiene el bioquímico Jess Krieger, “Creemos que la única forma de cambiar la forma en que la mayoría de las personas está comiendo carne es poder darles otra carne real, pero sin las consecuencias negativas causadas por la cría de animales reales, ya sea por impacto en el medio ambiente como por el bienestar animal”.

Krieger agrega: “la carne a base de plantas se abre camino [para eliminar la carne de la dieta]. . . pero nunca será capaz de replicar completamente la experiencia sensorial de comer una gran pieza de carne. [Esta tecnología] crea ésto, con los mismos o mejores valores nutriconales, y la apuesta es que a futuro, comer carne de animales reales sea visto como una práctica arcaica solo realizada por una minoría ”.

Artemys no es la primera empresa en experimentar con carne cultivada. En 2013, comieron la primera hamburguesa cultivada en laboratorio del mundo, creada a partir de células de vaca por un científico de la Universidad de Maastricht, en una conferencia de prensa en Londres. Mosa Meat, la compañía creada a raíz de ese proyecto, recibió recientemente una inversión de un fondo de capital de riesgo estadounidense para ayudar a llevar el producto al mercado.

La pregunta para todos, es si los consumidores pueden tragarse la idea. Al escuchar sobre la carne cultivada en laboratorio, un primer pensamiento es “qué asco”; especialmente si se asocia la idea de “hacer crecer” un bife o una pata de pollo, en un tubo de ensayo. Sin dudas, la imagen es más propia de una escena de ciencia ficción que de la alta cocina.

Pero, sin embargo, consumimos alimentos ultraprocesados ​​o modificados que podrían considerarse “antinaturales”, como sopas de paquetes, productos cárnicos reconstituidos o dulces como el chicle. Si observa cómo nuestras actitudes hacia la comida ya han cambiado, está claro que se basan más en la cultura que en la naturaleza.

En la década de 1950, algunos consideraban que el pan blanco y otros alimentos procesados ​​eran superiores a las variantes sin refinar. Más tarde, las comidas preparadas congeladas se consideraron sofisticadas. De hecho, cuando los científicos crearon cultivos genéticamente modificados, esto fue aclamado por muchos como una brillante “revolución verde”, ya que prometía aumentar los rendimientos agrícolas.

Pero luego vino la reacción. Desde el cambio de siglo, creció imparable la tendencia hacia alimentos más naturales y orgánicos, con fuertes protestas de los consumidores contra los alimentos modificados genéticamente.

Más recientemente, las dietas vegetarianas y veganas se han vuelto populares, no solo por preocupaciones de salud y bienestar animal, sino también porque los científicos notaron la contribución del ganado a las emisiones globales de carbono -che aquí una primera ironía, comprarar la emisión de metano de las vacas con chimeneas en China, es francamente comenzar la lucha por el hilo más delgado-.

Empresas como Beyond Meat y Impossible Foods vienen desarrollando alternativas basadas en plantas que ganan terreno rápidamente. De hecho, la tendencia es tan fuerte que incluso las empresas cárnicas tradicionales, como Tyson Foods, se están involucrando.

En la última reunión del Foro Económico Mundial en Davos (repleta de charlas sobre nuevas empresas basadas en plantas), los organizadores dijeron a los servicios de catering locales que “la proteína debe servirse en porciones razonables” de 120g-140g. Un día de la conferencia ha sido designado completamente libre de carne. Y aquí tenemos una segunda ironía: incluso cuando las alternativas a la carne, basadas en plantas, se ponen de moda, se podría decir que están haciendo que los alimentos sean menos “naturales” y menos “orgánicos”.

La “hamburguesa” sin carne es un impossible para el mundo naturista. Una hamburguesa de laboratorio utiliza procesos químicos complejos que involucran levadura para replicar las moléculas que se encuentran en la carne. Lo que es peculiar, si no contradictorio, es que las ventas vertiginosas de estos productos similares a la carne de alguna manera refuerza la idea de que el consumo de “carne” o una versión simulada es inevitable para los humanos; que, por supuesto, es algo que el movimiento vegano fue creado para disputar.

Cómo serñá la comida del futuro, no lo sabemos, pero nuestras actitudes hacia la comida vienen flutuando con el correr de los siglos, por lo que, no hay razón para pensar que no volverán a cambiar.

Lo que pareció alguna vez completamente extraño, se vuelve tan normal, que nunca nos damos cuenta de cómo cambian nuestras culturas.

Con información de Financial Times: “Can you swallow the idea of lab-grown meat?”