Un socio invisible que pone en jaque al distribuidor de golosinas, galletitas, bebidas y afines

Si alguien nos preguntase cual es el mejor negocio en estos tiempos, seguramente aparecerían en nuestra mente varias ideas, pero sería difícil aventurar cual de todas ellas resultaría ser la mejor. Sin lugar a duda, el negocio propuesto debiera tener alguna o todas estas características juntas: a) ganar siempre; b) no tomar riesgo alguno; c) dejar que otros trabajen por y para mí sin retribución alguna. – Por Lic. Ariel Korin (*)

Pareciera difícil, sin embargo, encontrar una actividad en la cual estas tres cualidades se den en su conjunto. No obstante, hay un sector en nuestra Argentina que lo está haciendo, al tiempo que perjudica a miles de sus clientes.

Es un sector necesario, que brinda trabajo legítimo e incluso, en algunos casos y en algún tiempo ha sabido colaborar en el crecimiento de muchas personas, organizaciones y empresas, pero que hoy ha encontrado una manera de quitarle plata a quienes motorizan y más empleo dan el país y quienes más están padeciendo los avatares por los cuales estamos transitando.

Las Pymes están sufriendo mucho, se piensan medidas tendientes a ayudarlas y sin embargo, desde hace mas de un año, se les permite a las Entidades Bancarias cobrar comisiones a los depósitos en efectivo que llegan hasta el 2% y que se han duplicado en el último año por no haber atendido al reclamo constante de Cámaras como la nuestra y otras Cámaras Centrales que han ayudado en visibilizar esta problemática de la cual, hasta el momento, ninguna autoridad se ha expedido.

Pareciera que uno o dos puntos porcentuales no significan mucho. Como ya hemos explicado en numerosas oportunidades, un 1%, puede representar entre el 5 y el 6% de la rentabilidad de un distribuidor y consecuentemente entre el 20 y el 30% de su utilidad neta, dado que el negocio de éste es vender grandes volúmenes con márgenes muy pequeños.

Los bancos han empezado a quedarse con esta parte del negocio de nuestros distribuidores y mayoristas. Sin haberlo buscado, incorporaron un nuevo socio a sus empresas: un socio invisible que no trabaja, que no tiene responsabilidades, que no tiene preocupaciones por lo que sucede puertas adentro, simplemente retira de la caja, un porcentaje de la ganancia, cada vez que se bancariza el dinero en efectivo.

Trasladar este porcentaje a precio es inviable porque implicaría recalentar un proceso inflacionario que crece mes a mes y continuaría castigando al consumo, ya bastante golpeado, estirando aún más la brecha que nuestros asociados tienen con aquellos que trabajan en la informalidad y con las grandes bocas comerciales. Absorberlo, implicaría perder rentabilidad. Hay una clara dicotomía entre el ganar-ganar que tienen algunos y el perder-perder que les dejan a otros. Si a ello sumamos el aumento de costos, la fuerte presión impositiva que ya existe para el sector (IVA, Ingresos Brutos, la Tasa de Abasto ilegal que aún hoy se cobra en algunos Municipios) otros gastos bancarios y los aumentos de los servicios públicos (luz, gas, agua, etcétera), el sector de la distribución corre un serio peligro y con ello la estabilidad laboral de miles de familias.

Un alto porcentaje del capital circulante está fuera del sistema bancario. Esto es consecuencia de varios factores, entre los que se destacan: la gran masa de trabajadores empleados en negro, la cantidad de monotributistas que también perciben en gran medida sus ingresos de esta forma (muchos de los clientes de los distribuidores, lo son) y la arraigada costumbre de los argentinos de operar con dinero físico. Prueba de ello: basta con ver los primeros días del mes las colas interminables frente a los cajeros automáticos para retirar sus haberes o pensar simplemente en la manera que tenemos de comprar cuando vamos a un kiosco o almacén de barrio.

Queda claro que este tipo de medidas más que estimular la bancarización, la castigan beneficiando únicamente a los bancos, que se encuentran entre los que más dinero han ganado en los últimos años, incluso en porcentajes superiores a la inflación.

Es llamativo que una de las empresas emblemáticas de nuestro Sector haya perdido más de $1.000 millones en 2018 y un banco que reclama la quiebra de otra empresa alimenticia haya ganado $15.000 millones en el mismo período.

Desde ADGYA queremos acompañar las medidas tendientes a favorecer al crecimiento y desarrollo de nuestro país, pero no podemos avalar que se haga a costa de nuestros asociados y de tantas otras PyMEs que son perjudicadas con esta medida. Es imperioso que el BCRA y las autoridades nacionales tomen cartas en el asunto para frenar este abuso, que llevará de una u otra forma al cierre de más fuentes de trabajo.

(*) El autor es Gerente de Gestión de la Asociación Distribuidores de Golosinas y Afines (A.D.G.Y.A.)