Economistas: “buenos muchachos”

El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) es una encuesta sobre las principales proyecciones macroeconómicas de lo más granado entre los especialistas económicos en el país (la media son 49 participantes sobre un universo de 63) que hace el Banco Central los últimos 3 días de cada mes, recogiendo las estimaciones sobre la inflación, tasas de interés, tipo de cambio, PBI y el resultado primario del sector público (en periodos, que van desde el mes subsiguiente hasta el cuarto año).

La compulsa, que arrancó en 2004/12 y se “agiorno” en junio de 2016, es interesante porque además de su uso como instrumento de política monetaria en una suerte de “concurso de belleza Keynesiano” (J.M. Keynes, Teoria General… Cap.12, V) que permite entrever la visión del Central, nos da un “insight” sobre la calidad predictiva de los macroeconomistas locales.

De los datos relevados por el REM, los más interesantes para los inversores son la inflación, dólar, tasa y en menor medida la variación del PBI. Sobre el agregado de estos datos el Central difunde las estadísticas usuales (promedio, mediana, desvió, máximo, mínimo, cantidad y algunos percentiles) bajo la presunción que las respuestas responden a una distribución normal, y en algunos casos proporciona un diagrama de distribución, lo que nos permite un más preciso análisis no paramétrico.
Tomando la serie desde 2016, de las 742 estimaciones que contamos para la inflación anual a diciembre encontramos, en base al valor promedio y la desviación, que por lo menos el 70% no habría sido capaz de predecir con alguna certidumbre razonable (dentro de las dos desviaciones estándar) la inflación final de 2016 y 2017 (se la subestimo en todos los casos). Lamentablemente el Central no informa la distribución de las proyecciones, lo que si hace para las otras variables permitiéndonos un análisis más preciso.

En el caso del nivel de la tasa esperada encontramos, asumiendo una distribución “normal” en las proyecciones, que el 70% no se acercaría con un grado de certidumbre suficiente al costo del dinero que tuvimos efectivamente a fin de año. La distribución de las proyecciones nos permite un análisis más certero, encontrando que en el 89% de los casos la tendencia central (el rango de todas las predicciones restados los tres valores mayores y los tres menores, en cada mes) de las 765 proyecciones realizadas no fue capaz de predecir adecuadamente la tasa (la subestimo). El incremento en el “yerro” con el análisis no paramétrico obedece a que la distribución de las proyecciones no fue normal.
Para la estimación del dólar a fin de año, el análisis paramétrico nos habla de un fracaso en las proyecciones del 65%, mientras la revisión de las 759 proyecciones individuales habla de un error en la tendencia central de 35% o casi una de cada dos, sobreestimando el valor del dólar a fin de año (recordar que estas son las proyecciones a diciembre de 2016 y diciembre de 2017).

Donde los economistas parecen haber acertado es en su estimación de la variación del PBI, con una tasa de 100% de aciertos, sea aplicando un análisis paramétrico como el no paramétrico (ver más adelante).


El fracaso de los economistas “argentinos” en predecir con un grado razonable de certidumbre los niveles de las principales variables financieras a fin de año, puede sorprender, pero no es único a nuestra economía.
La reserva Federal es el mayor empleador del mundo de economistas con el grado de doctorados (PhD) sumando unos 400 (entre Washington y las entidades regionales) para una planta total de cerca de 23.000 almas.

Desde 2007, cuatro veces al año la FED da a conocer a través del Comité Abierto sus proyecciones (mediana y tendencia central) sobre el crecimiento del PBI, el desempleo, la inflación y -desde 2015- la tasa de los Fed Funds, para ese y los siguientes tres años. La verdad es que sus resultados no han sido muy auspiciosos. Tomando las proyecciones para el año corriente más la del diciembre previo (es decir las estimaciones a o a menos de doce meses), vemos entre 2007 y 2017 que solo el 13% de las del PBI estuvieron dentro de lo esperado, 32% de las del desempleo, 15% de la inflación y 31% de la tasa de interés. Para ponerlo en “castellano”, la FED le chingó con sus estimaciones en el 79% de los casos.

Es obvio que ni los economistas locales ni los extranjeros son buenos al momento de hacer predicciones. Sin embargo podría parecer que los nuestros son mejores, en particular en lo que concierne a la estimación del PBI. Pero esto responde a un pequeño truco, la dispersión en las estimaciones. Mientras la diferencia entre las estimaciones del PBI norteamericano presentó una media histórica de 14% o 20 puntos básicos, la local –sea en reconocimiento de la propia incapacidad o de la volatilidad de nuestra plaza- fue al menos tres veces más mayor, 46% o 110 puntos básicos (en el caso del dólar, las proyecciones del corriente año apuntan a acercar el error histórico al 50%).

Es cierto que para sacar conclusiones “fuertes” deberíamos tener data del REM de al menos 10 años y conocer las estimaciones individuales, lo que nos permitiría ver si algún participante es “realmente bueno” y quienes son los “persistentemente malos”. Sin embargo el Central, con el beneplácito de la “famiglia económica”, ha preferido proteger a los “peores” frente a los “mejores”, lo que significa que hay que tener mucho, pero muchísimo cuidado, frente a lo que proyectan los economistas (que olvidan que su trabajo no es el pronóstico, sino el análisis de la realidad).

Autor: Dionisio Bosch