Las ayudas a la agricultura de China e India han superado las de los países de la OCDE

Las ayudas a la agricultura de China e India han superado las de los países de la OCDE

Las ayudas a la agricultura en los grandes emergentes que son China e India han pasado a superar las de los miembros de la OCDE, que aunque han seguido aumentando en los últimos años en términos absolutos, han perdido peso relativo.

En su informe anual sobre las subvenciones agrícolas publicado este lunes, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) indica que esas ayudas alcanzaron un nivel récord de 851.000 millones de dólares anuales en el periodo 2020-2022 en los 54 países que somete a evaluación, frente a 696.000 millones anuales en 2017-2019.

Ese incremento del 22,3 % se explica por las políticas puestas en marcha en reacción a la covid, a las presiones inflacionistas y a las repercusiones de la invasión rusa de Ucrania.

Si se observa de forma desglosada, el apoyo a los agricultores aumentó un 20 % en ese periodo y aunque representó la mayor parte (un 74 % del total en el periodo 2020-2022), ese porcentaje ha disminuido.

La razón es que en paralelo casi se duplicó el dinero aportado para los consumidores de productos agrícolas, que supuso un 13,5 % del total en el último trienio, para intentar atenuar el impacto del encarecimiento de muchos de ellos.

Simultáneamente, algunas economías emergentes (como India o Argentina) gravaron implícitamente a sus productores con impuestos a la exportación y otros mecanismos para reducir los precios interiores, dispositivos evaluados en 179.000 millones de dólares anuales en el trienio 2020-2023.

Uno de los elementos más destacados del estudio es que las subvenciones a la agricultura en los 11 países emergentes de la muestra de 54 analizados se convirtieron en el paquete mayoritario con 497.000 millones de dólares en ese último trienio, cuando en 2000-2002 no representaban más que 68.000 millones.

China representó el 36 % del total de las ayudas

Entre esas economías emergentes, China por sí sola supuso un 36 % del total, mientras que India pesó un 15 %. Estados Unidos y la Unión Europea quedaron por detrás, con un 14 y un 13 %, respectivamente.

Si se examina el peso relativo de las ayudas comparada con el valor de la producción agrícola, en el periodo 2020-2022 representaba un 20 % globalmente para los 54 países del informe y eso significa una caída respecto al 29 % en 2000-2002.

En los países de la OCDE, ese porcentaje ha caído del 41 % en 2000-2002 al 25 % en 2020-2022, mientras en las 11 economías emergentes ha subido del 13 % al 17 %.

Por países, el techo lo marcan Noruega, Suiza e Islandia, donde las ayudas al sector agrícola representaban en el último trienio entre el 72 % y el 83 % del valor de la producción, un 16,5 % en la Unión Europea (frente al 29,8 % en 2000-2002), un 14,4 % en China (frente al 5,2 %) o un 8,9 % en Estados Unidos (frente al 19,5 %).

Se da la aparente paradoja de que en Argentina esa ayuda era negativa en términos de valor de la producción (del 14,6 %) y más todavía en India (15 %), lo que tiene que ver con el hecho de que allí los gravámenes a los precios agrícolas para contener o impedir las exportaciones, eran mucho más importantes que las subvenciones.

Reducción de ayudas

A partir de las primeras estimaciones obtenidas para 2022, los autores del estudio avanzan que ése es el segundo año consecutivo en que se han reducido las ayudas a los agricultores con respecto a sus ingresos brutos.

Eso se debe más que a un cambio en las políticas públicas en dirección del sector a una menor subvención a los precios, precisamente en un contexto en que esos precios han subido y, en el caso de ciertos productos, se han disparado.

Más allá de evaluar el nivel de las ayudas, la OCDE registra más de 600 medidas de adaptación de la agricultura en los 54 países al impacto del cambio climático, insiste en que hacen falta otras con carácter urgente, pero no tanto para afrontar choques a corto plazo, sino para tener en cuenta de cuál va a ser la situación a medio y largo plazo.

Porque según su análisis, las políticas actuales refuerzan las estructuras de producción existentes, en muchos casos caducas e «impiden la evolución de los sistemas de producción».