Vinos argentinos, el regreso del Blend

La complejidad de suelos y cepas es lo que da a cada vino su carácter distintivo. Por eso, en el arte de la elaboración, a la importancia del terroir se le suma saber encontrar la mejor combinación de variedades y de regiones.

“En Catena Zapata, la fortuna del enólogo está en realizar una rigurosa selección de viñedos, y como tenemos muchas fincas propias, podemos hacer un trabajo diferencial -explica el enólogo Alejandro Vigil-. De hecho, seguimos el concepto del blend, porque nos gusta generar vinos no lineales, cuyas uvas son de diferentes zonas, con nuevas formas de vinificar e intentando introducir la mayor cantidad de variables”.

En este sentido, hoy lo que se registra es una especie de revival: Argentina pasó de la moda del varietal puro al equilibrio del varietal y el blend, sobre todo en los segmentos más altos, donde los vinos tienen el nombre de su bodega o de su marca de fantasía.

Aquí, cuatro blends de terroir, únicos e irrepetibles:

Mora Negra 2014. Finca Las Moras

Gran tinto argentino que demuestra que, en San Juan, también se hacen vinos de alta gama. Elaborado con Malbec y con Bonarda de los Valles de Tulum y Pedernal, entre 650 y 1.350 msnm) y 15 meses de crianza en roble nuevo americano y francés, sobresale por su carácter especiado y mineral.

DV Catena Cabernet 2015. Bodega Catena Zapata

Bodega emblemática por sus blends de alta gama como este Cabernet Sauvignon elaborado por Alejandro Vigil con uvas de Agrelo (940 msnm) y de Valle del Uco (1.470 msnm) y una crianza de 18 meses en roble francés.

Perro Callejero Blend de Malbec 2016. Mosquita Muerta

Moderno y muy bien elaborado con uvas Malbec de tres zonas mendocinas: 50% de Perdriel (930 msnm), 25% de Vista Flores (1.020 msnm) y 25% de Los Chacayes (1.092 msnm) y seis meses en contacto con duelas de roble francés, se destaca por su cuerpo delicado y fluidez.

Colome Lote Especial Altitude Blend Malbec Tannat 2017

Blend de gran alyura y de partida limitada elaborado exclusivamente para BONVIVIR por el enólogo Jorge Riccitelli. Un vino que refleja el terruno salteño, no solo por las uvas que lo componen, 80% Malbec de Molinos, a 2.300 msnm, 20% Tannat de Cafayate, a 1.700 msnm, y 12 meses de crianza en roble francés, sino también por su potencia y estructura.

Fuente: Revista Brando