UIA presentó al Gobierno un plan para la reactivación productiva

Argentina tiene un doble desafío para la pospandemia. No sólo encontrar una mixtura justa en la “nueva normalidad” entre salud y economía (como todo el mundo) sino también revisar errores del pasado porque, antes de la llegada del Covid-19, el país ya barranca abajo, casi literalmente. Tan mal que algunas consultoras, como Analytica, hablan de un “downsizing estructural” que, agravada por la pandemia, obligará a repartir, al menos inicialmente, una torta más chica entre bocas más hambrientas.

Por eso, ir hacia una pospandemia deseable insumirá enormes cambios más que el mero deseo de volver a una prepandemia subóptima. Un debate que, lentamente, se va a instalando. El Gabinete Económico, por ejemplo, está pensando en ampliar la mesa con la CGT y la UIA. Quizás, incluso, empezar a darle forma a esa idea, pausada por la pandemia, de un pacto social. Ambas entidades están movedizas por su cuenta también, cada una con su agenda. Se vienen tiempos de sintonía fina y todo será más fácil con canales de diálogos abiertos. Y con las tres partes (Estado, empresas y sindicatos) sentadas en la misma mesa.

Ayer, precisamente, la UIA presentó un extenso documento titulado “Hacia una nueva normalidad: propuestas para la reactivación productiva”. El trabajo dice que “la pandemia del Covid-19 dejará fuertes secuelas a nivel global y local y, para la economía argentina, agravará los problemas preexistentes”. Además, agrega que “la transición hacia la ‘nueva normalidad’ estará atravesada por el impacto económico de la pandemia y la vulnerabilidad económica que se arrastra de la fase previa”.

La UIA tiene más llegada con el Gobierno de Alberto Fernández que con el de Cambiemos, cuando los cortocircuitos eran frecuentes. Los industriales presentarán el plan ante el Gobierno la semana que viene.

El documento de propuestas tiene dos grandes pilares: la construcción de consensos e instituciones para el desarrollo y, por otro lado, las medidas productivas para sostener la producción generando las condiciones para la posterior reactivación e iniciar un proceso de crecimiento.

En el corto plazo, en la fase de “sostener”, la UIA pide más. Al Estado, claro. “Será clave mantener y ampliar las medidas fiscales y monetarias anunciadas, brindar incentivos para sostener las exportaciones y aliviar la presión impositiva del sector productivo. Es central en este marco que no se creen nuevos impuestos que afecten más la sostenibilidad de las empresas”, dice la entidad que lidera Miguel Acevedo.

Según sugiere la UIA, Argentina hizo poco. Menos que sus vecinos: el paquete fiscal, tributario y crediticio que Brasil lanzó para la pandemia es de 10% del PIB y sube a 15% en Perú. Países comparables. Aunque, es cierto, ninguno en default. Un tema clave para la UIA son claves las garantías del sector público para llegar a empresas con riesgo crediticio, a veces rechazadas por los bancos, por la nueva coyuntura.

Según datos de la UIA de junio (es decir, previo a la vuelta de Fase 1 en el AMBA), 63% de las empresas no producen o producen más de 50% menos que antes. Apenas 17% están en los niveles prepandemia.

La UIA cree que pasar a la segunda fase (reactivación y crecimiento) precisará, además de superar la pandemia, “importantes consensos sociales”. Entre esos consensos debe figurar “una estrategia integral que tenga como objetivo central la agregación de valor, la generación de divisas y la creación de empleo”, así como “resolver la volatilidad macroeconómica, que es una condición necesaria para el éxito de la política industrial”.

“En la experiencia internacional, hay valiosos antecedentes de países que acudieron a acuerdos sociales tripartitos para salir de profundas crisis (España) o encarar políticas de fortalecimiento económico (Japón, Irlanda, Corea, Finlandia y Dinamarca)”, agregan en la UIA.

Para eso, proponen un órgano consultivo como espacio de diálogo institucionalizado que permita alcanzar los consensos necesarios para el desarrollo de una agenda productiva. También pondera las mesas sectoriales y propone sumar el género y la sustentabilidad a la mesa de debate.

Para el corto plazo, la UIA propone una mesa nacional para la promoción de exportaciones; readecuación del esquema de derechos y reintegros a las exportaciones; resolver temas administrativos/ burocráticos del comercio exterior e implementar el compre nacional en planes de infraestructura; promover el acceso al mercado de compras públicas para pymes, emprendedores y empresas regionales ; más infraestructura vial (con mirada estratégica; reforzar ley de Economía del Conocimiento; incentivo a la adquisición de tecnología; desarrollo de proveedores 4.0; más inversión en infraestructura digital y simplificación tributaria e incentivos fiscales para el empleo pymes, así como asistencia para la reconversión de procesos; acceso simplificado al crédito; facilidades tributarias a nivel nacional y subnacional y federalización de los programas de financiamiento productivo.

Para el largo plazo, sugieren incentivos fiscales para la inversión productiva; incentivos diferenciales a la creación de empleo; Ley de Hidrocarburos y energías alternativas; incentivos para la radicación en parques industriales; promoción de instrumentos del mercado de capitales y mayor inversión de fondos institucionales, entre otros ítems. Otras ideas son un banco de desarrollo; negociaciones internacionales inteligentes para ganar mercados; consorcios exportadores para impulsar la internacionalización de las pymes; promoción de empleo en nuevas tecnologías; tarifas de energía y servicios públicos accesibles y una mesa metropolitana de transporte.

En el apartado tributario, la UIA señala que la presión tributaria argentina ha aumentado en las últimas décadas y en nivel, se acerca a la registrada en países europeos. “Este nivel además recae sobre la economía formal y como porcentaje de la economía formal (aproximadamente 65%) la presión tributaria aumenta hasta el 45% del PIB”, dice. Por eso, en el corto plazo insta a “no agregar nuevos impuestos nacionales, provinciales o municipales que afecten la inversión y el empleo”. Además, pide la continuidad del ATP hasta fin de año para empresas (de todo tamaño) con fuerte caída de ventas o trabajadores licenciados.

En el financiero, piden hacer eje mayor alcance, mejores tasas y velocidad y sugieren acoplarlo con una agenda más ambiciosa de largo plazo que incluye, entre otras asignaturas, fortalecer el BICE como banco de desarrollo y darle más capitalización para aumentar las líneas de crédito para la inversión.

En el frente exportador, la UIA reclama la eliminación de derechos a las exportaciones industriales con valor agregado (tanto manufacturas industriales como alimentos y bebidas elaborados), así como agilizar reintegros, que están demorados desde diciembre 2019.

Para el día después, promover la recuperación de la actividad exportadora en empresas que dejaron de operar en los últimos años y trabajar en la reducción de barreras a la entrada para nuestras exportaciones, entre otros temas.

Además de asistir, el Estado es una fuente de demanda directa. Por eso, la UIA reclama, en el narco de un plan de inversión pública, favorecer la compra de bienes nacionales es imprescindible para que los recursos se canalicen hacia la producción es numerosas ramas industriales involucradas en la cadena.

En el largo plazo, la infraestructura “económica” será clave. Por ejemplo, el Puerto Buenos Aires o la Hidrovía Paraná-Paraguay.

El capítulo 4.0 también está presente, con ideas que van desde potenciar la Ley de Economía del Conocimiento y dar incentivos a las empresas para adquirir tecnologías que faciliten comercio electrónico, teletrabajo y monitoreo remoto de la producción hasta la especialización para identificar las habilidades requeridas por las nuevas formas de producción e impulsar las carreras STEM, es decir, aquellas que se encuentran relacionadas con las siguientes la ciencia (Science), la tecnología (Technology), la ingeniería (Engineering) y las matemáticas (Maths).

Por último, la UIA insta a la aplicación de políticas para fortalecer y multiplicas el tejido pyme, con políticas de estímulo ad hoc, así como tener un enfoque federal y restituir, entre otros reclamos, los beneficios originales de contribuciones patronales del Decreto 814/01.

Fuente: El Economista