Tras el biodiésel, llega el turno de los aranceles sobre el acero

Estados Unidos aplicaría aranceles a la entrada de tubos sin costura. Afectaría de forma directa a la industria nacional.

El giro hacia el proteccionismo que la administración Trump le ha impreso a la economía norteamericana, ya no debería sorprender. Una muestra más de ello es la medida que estudia el gobierno de los Estados Unidos respecto a la producción siderúrgica.
Según se conoció durante las últimas semanas en medios internacionales, en el país del norte ya se estudia la posibilidad de aplicar aranceles a la entrada de acero y aluminio desde el exterior.
Tal como sucedió en el caso del biodiésel, en el que el lobby de los productores locales terminó inclinando la balanza a favor de la protección del combustible norteamericano, esta vez son las grandes siderúrgicas del país del norte las que buscan el amparo arancelario.
Para justificar la medida se utilizaría la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962, la cual establece que ciertos productos son de interés para la seguridad nacional, lo que habilita al gobierno estadounidense para aplicar medidas de protección comercial. El principal objetivo que persigue el Departamento de Comercio, es bloquear el ingreso de los productos chinos. Sin embargo, las posibles demandas en el seno de la Organización Mundial de Comercio (OMC), hacen que la medida adoptada sea de carácter general para todos los países que ingresan su producción a los Estados Unidos.
De concretarse la aplicación de la barrera arancelaria, el golpe a la industria nacional sería fuerte. De entrada estarían en riesgo unas 200.000 toneladas de exportación argentina. Tal es el volumen que nuestro país vendió el año pasado al país del norte. El grueso de los envíos corresponde a tubos de acero sin costura, que se utilizan casi con exclusividad en la industria petrolera. Para nuestro país, implicaría un pérdida de u$s 200 millones al año.
Pero quedar afuera del mercado norteamericano no sería el único impacto. El desvío de comercio que se generaría ante la imposibilidad de entrar el acero a los Estados Unidos, implicaría una fuerte competencia por captar mercado entre los países productores. China, Rusia, Turquí y Ucrania se inscriben en esa carrera en la que también participaría la Argentina.
La decisión final se conocerá a mediados del mes de abril.