“Si la inflación cede, veremos caer las tasas”

En los próximos meses si la inflación efectivamente cede, veremos caer las tasas nominales. Ese movimiento no debe hacernos creer que el crédito se abarata; por el contrario, lo mas probable es que veamos tasas nominales bajando, pero como también se reduce la inflación esperada, las tasas altas persistirán, debilitando la demanda de crédito.

Por Martin Tetaz

En cualquier otra economía la tasa real persistentemente alta hunde el consumo y la inversión, pero en Argentina, donde todo el crédito representa solo el 12,7% del PBI, el canal de transmisión de la tasa, hacia el consumo y la inversión es mucho menos significativo.

No estoy diciendo, por supuesto, que no importe la tasa, pero la recuperación del consumo dependerá más de la estabilidad del dólar, de la evolución del salario real y de las expectativas de inflación, que del costo del crédito.

Lo mismo ocurre con la inversión; si bien la deuda corporativa de las grandes empresas que se financian en el exterior está relativamente aislada del riesgo país y paga la mitad que los bonos soberanos (Arcor, por ejemplo, consigue dinero al 7,5%), los costos financieros locales son prohibitivos para las Pymes. Sin embargo, aunque se les regalaran los fondos, lo mas probable es que nadie invertiría hasta que no se despeje el riesgo político electoral, salvo en áreas donde es mas difícil expropiar, o existen regímenes especiales, como por ejemplo energía, agro y construcción.

Es cierto, no obstante, que en el primer trimestre, según los datos que adelanta Orlando Ferreres, la economía pegó al vuelta y creció respecto del ultimo trimestre del 2018, cuando se descuentan los efectos de estacionalidad, como también es verdad que el boom de la cosecha hará que el segundo trimestre se corte la recesión incluso comparando contra el mismo período del año anterior, pero en la segunda mitad del año, la suerte del gasto público y la inversión está echada; queda solo la chance de que continúe el buen comportamiento de las exportaciones, que de todos modos empujan poco por su escasa magnitud relativa y la gran apuesta está en el consumo.

El comportamiento del consumo en el segundo semestre depende de la estabilidad del dólar, de la inflación y de la formula paritaria que se imponga en las negociaciones. Si la mayoría de los gremios logran acuerdos como el de los docentes de la Provincia de Buenos Aires, los bancarios, o los obreros de la construcción, que combinan una suerte de clausula gatillo, con una recuperación parcial de lo perdido en 2018, habrá reactivación del consumo, pero si en cambio predominan las formulas del estilo de las que negociaron los textiles, con un numero fijo, sin recomposición del 2018 y sin la garantía del gatillo, no habrá recuperación del consumo por mas que baje la inflación y se estabilice el dólar, porque persistirá la incertidumbre de “mitad de rio” entre los trabajadores que no se animarán a consumir si no despejan la incertidumbre sobre cual cera su salario real hacia el final del período paritario.

Dicho esto, obviamente, no hay ninguna chance de que tome vigor el consumo si no se estabiliza el dólar y baja la inflación. Estas dos son condiciones necesarias, aunque no suficientes. Cualitativamente, además la estabilidad del tipo de cambio es crucial en la evolución del consumo de bienes durables, que tienen su precio mayormente dolarizado. No hay ninguna posibilidad de que se recuperen las ventas de autos, electrodomésticos y propiedades, si no crecen los salarios en dólares, que en los últimos 12 meses perdieron un 40%, pero si esa mejora se produce, la respuesta del consumo de durables puede ser mas que proporcional, como ha ocurrido luego de cada una de las cuatro devaluaciones grandes de los últimos 20 años.