Qué propone hacer Alberto Fernández en materia económica

La propuesta económica de la principal oposición con chances de gobernar desde el 10 de diciembre no va a resolver los problemas estructurales de la Argentina, pero tampoco parece que fuera a romper la macro, como el tercer período k. Hay mas realismo sobre las limitaciones fiscales y eso no es poca cosa.

Por Martin Tetaz

Matias Kulfas, un economista egresado de la UBA, pero que llega al “grupo Callao” desde la UNSAM, escribió un artículo en la revista Anfibia, en el que diagnosticó a la restricción externa como el principal problema de largo plazo de la economía argentina, al tiempo que llamó a deconstruir las viejas antinomias entre el campo y la industria, o entre el estado grande y el chico. Kulfas acierta en que cerrado el ciclo exportador de 1880-1930, el país no ha logrado producir de manera sistemática los dólares necesarios como para crecer sostenidamente.

Propone como salida la sustitución “genuina” de importaciones y el fomento de exportaciones. En el primer caso refiere a aquellas actividades industriales que no requieren para su producción la importación masiva de insumos (teléfono para tierra del fuego), como por ejemplo los servicios basados en el conocimiento y las industrias con capacidad de agregar valor, como las que proveen de insumos a los procesos productivos del campo, la energía y la minería.

En el segundo caso, a los exportadores con buen saldo comercial; esto es: aquellos que no necesitan importar grandes cantidades de bienes para producir (palo a las automotrices). Es un programa de desarrollo heterodoxo-racional. Elijo esa figura para distinguirlo de alguna manera, de la locura intervencionista, con destino venezolano, que representó el segundo cristinismo, que el propio Alberto Fernández tanto ha criticado.

Kulfas vuelve a la heterodoxia de pensar que la inflación corresponde a un proceso de pujas distributivas y que para controlarla es preciso un amplio acuerdo nacional de precios y salarios. No obstante, es muy claro respecto de la imposibilidad de recuperar la demanda con un shock distributivo que apuntale al consumo o un programa fiscal expansivo que eche mano del gasto, lo que dota de realismo a la propuesta de AF, aunque choca con el canto populista que seguramente espera la militancia.

El economista es consciente que, si los salarios suben mas allá de los aumentos de productividad, se filtrarán inexorablemente a importaciones y que no hay margen para aumentar el déficit fiscal, aunque propone reducirlo con crecimiento; una formula con la que es imposible no acordar, pero que lleva tiempo, requiere financiamiento y ya fracasó en los primeros años de cambiemos.

En mi humilde opinión el economista de Alberto Fernández acierta en el síntoma (la falta sistemática de divisas), pero omite el rol del sistema de precios y la importancia de la disciplina monetaria y fiscal, junto con el respeto por la propiedad. Sin moneda se genera una tendencia sistemática a la demanda de divisas, no solo para atesoramiento, sino también para muchas transacciones, como las inmobiliarias.

Pero, además, la inflación deprime las tasas domesticas de ahorro, generando mas dependencia en el financiamiento externo. Con déficit fiscal estructural, el sector público consume parte del ahorro disponible para el sector privado, o directamente incurre en deuda externa, que ineluctablemente aumentará la demanda futura de divisas, cuando haya que pagar los intereses.

Finalmente; un Estado que, sin distinción de partidos, expropió ahorros con hiperinflaciones, Bonex, corralitos e impuestos a la renta financiera nominal, genera los incentivos para que la gente quiera dólares y eventualmente los saque del sistema; nótese la paradoja: si usted tenía un deposito a plazo fijo por el que ganó 100.000 pesos de intereses el año pasado, debe pagar impuestos por el 5% de 33.000 pesos, incluso cuando perdió contra la inflación(impuesto a las perdidas), mientras que si hubiera comprado dólares a $20, hoy tendría mas del doble de pesos que el año pasado y no pagaría nada.

En resumen; la propuesta económica de la principal oposición con chances de gobernar desde el 10 de diciembre no va a resolver los problemas estructurales de la Argentina, pero tampoco parece que fuera a romper la macro, como el tercer período k. Hay mas realismo sobre las limitaciones fiscales y eso no es poca cosa.