Tetaz: Pesificar o dolarizar; esa es la cuestión

En cualquier economía las funciones del dinero son básicamente tres; a saber:

1) Unidad de cuenta: Para facilitar los intercambios, todos los bienes tienen que poder expresarse en un denominador común. Conocemos la mayoría de los precios expresados en pesos, pero cuando hay inflación es imposible comparar los precios de distintos momentos del tiempo y esto genera problemas en cualquier contrato de largo plazo, como el crédito, por ejemplo. Por ello en regímenes de alta inflación se suelen utilizar otras unidades de cuenta, como por ejemplo los UF en Chile, los UVAs en Argentina, o los Dólares.

2) Medio de pago generalmente aceptado: A los efectos de que una moneda tenga éxito y sea adoptada por la población es preciso que pueda ser usada para cancelar obligaciones. Si tengo bitcoins es difícil que logre pagar el taxi, o el supermercado. Con dólares es un poco mas fácil, pero dependo de la buena voluntad del comerciante. Con pesos tengo la ley de mi lado y nadie puede negarse a aceptarlos

Reserva de valor: El dinero finalmente funciona como un activo financiero. Si miramos la riqueza que posee una población notaremos que en general la misma se mantiene en la forma de propiedades inmobiliarias, autos, acciones, bonos, depósitos (plazos fijos, cajas de ahorro), o cash (en la billetera o en la caja de seguridad). Es difícil pensar que una moneda con alta inflación sea demandada con fines de atesoramiento, porque su valor se licua con el paso del tiempo.

Munidos de este conocimiento básico pensemos primero si es factible pesificar la parte de la economía que está dolarizada, como las operaciones inmobiliarias o el atesoramiento. Por supuesto el Estado podría prohibir por decreto que las ventas de propiedades se hagan en dólares y limitar al máximo el acceso de las personas a las divisas para ahorro. Pero la pregunta de fondo es ¿por qué la gente elije dólares para ello? La respuesta es simple; la inflación y las continuas devaluaciones hacen engorroso fijar los precios de un departamento en pesos, porque hay que cambiarlo todos los días y la gente pierde referencia de valor. La unidad de cuenta tiene que ser estable y si no lo es, se reemplaza por otra. Por otro lado, la formación de activos externos, que popularmente se denomina “fuga”, se produce porque el peso no garantiza reserva de valor. Solamente si existiera la garantía de una tasa real positiva (como la que daría un depósito en UVAs, por ejemplo), sería posible pensar en una desdolarización de los ahorros. El primer paso para esto sería que la población pudiera acceder masivamente y desde su home banking a la alternativa de tener su dinero en distintas opciones, sin la necesidad de abrir una cuenta comitente y con la misma liquidez que ofrece hoy un plazo fijo.

La principal dificultad que enfrenta un proyecto de pesificación es que, si no hay garantía de indexación, aparece como una búsqueda de aumentar la base imponible del impuesto inflacionario. En un mundo pesificado, la demanda de moneda local sería mucho mayor y por lo tanto cada emisión de pesos del estado, le restaría menor valor a los pesos en poder del público. Claramente no es lo mismo emitir 100 billetes en una economía que se las arregla con 1.000 billetes, que emitirlos en una economía que funciona con 10.000. Pero como la base imponible (la demanda de dinero) es endógena; cada intento de grabarla con el impuesto inflacionario genera que se achique aún mas. Por eso el punto de partida (condición necesaria, mas no suficiente) es la prohibición de la emisión para financiar al tesoro. Es lógico entonces que los sectores que plantean que el fisco puede financiarse fabricando moneda, pidan al mismo tiempo pesificación, pero es irracional pensar que el público no va a repudiar ese intento, dolarizándose aún mas.
Entonces si el proyecto del nuevo gobierno es financiarse con emisión, deberá acompañarla de mayores prohibiciones y controles para evitar el repudio de la moneda
¿Y por qué no dolarizamos más?

Después de 74 años de alta inflación ya están dolarizadas la mayoría de las transacciones inmobiliarias y buena parte del ahorro de los argentinos. Además, muchos precios se fijan por parte de empresarios y comerciantes con la regla heurística de la cotización del dólar. Todavía, sin embargo, la mayor parte de los alquileres y los salarios están pesificados, entonces muchos se preguntan si no es más conveniente avanzar en la posibilidad de que esos contratos se hagan directamente en dólares.

Para que ese acuerdo sea creíble, se necesita que los flujos de ingresos de las empresas también estén dolarizados. El sector del agro por ejemplo, es un gran candidato a hacer contratos en dólares, pero en el mundo de los servicios, donde se factura en pesos es mas difícil, porque es probable que ante una devaluación no puedan pagar los sueldos.
Entonces dolaricemos todo

Acá el problema es que se pierde un amortiguador importante de shocks externos. Si dolarizamos habrá boom económico cada vez que suban los precios de los commodities, pero una profunda recesión cuando estos caigan, o cuando suba el precio de los productos que importamos, como por ejemplo la energía. En la última crisis que empezó en mayo del año pasado, cayeron 16% los salarios reales, pero el empleo total de la economía siguió creciendo. Si hubiéramos estado dolarizados, el ajuste hubiera sido en cantidades, con una caída de puestos de trabajo de una magnitud similar.

Por Martin Tetaz

La diagonal más factible pasa por resolver el problema de fondo para que la economía se pesifique, pero de manera voluntaria, no por imposición y prohibición de los dólares, sino porque la gente elija de manera sistemática a la moneda local para hacer sus transacciones y ahorrar.