Ramallo: ¿Cuánto le costará la pandemia a nuestro país?

Los efectos negativos que puede acarrear el coronavirus para la economía global y América latina en particular pueden llegar a ser devastadores, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

Por Rubén Ramallo

En el caso de la región, el organismo prevé una contracción de 1.8% del producto interno bruto, lo que podría llevar a que el desempleo en la región suba en diez puntos porcentuales.

La secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena, expresó que la crisis del Covid-19 pasará a la historia como una de las peores que el mundo ha vivido, pues la enfermedad pone en riesgo un bien público global esencial, la salud humana, e impactará a una ya debilitada economía mundial y la afectará tanto por el lado de la oferta como de la demanda.

¿Cuáles son los cinco canales a través de los cuales la pandemia afectará a todos los países de la región? El primero es el efecto de la disminución de la actividad económica de varios de los principales socios comerciales, como por ejemplo China y EE.UU.

En tal sentido, Cepal estima que las exportaciones a China podría caer más del 10% en términos de valor.

Un segundo canal surge de la caída de los ingresos por turismo, que en algunos casos podrían contraerse hasta en un 25%, dependiendo de la extensión de las restricciones a viajar.

El tercer canal de transmisión se daría a través de la interrupción de las cadenas globales de valor y esto afectaría más que nada a aquellos países que importan partes y bienes intermedios desde China para sus sectores manufactureros.

Un cuarto canal surgiría de la caída de los precios de los productos básicos (commodities), sobre todo para los países que dependen en gran medida de la exportación de materias primas.

Un quinto canal de transmisión se deriva de la mayor aversión al riesgo de los inversores y el empeoramiento de las condiciones financieras globales, lo que ya se ha reflejado en la fuerte disminución de los índices bursátiles en la región y en la salida masiva de capitales.

En el caso particular de nuestro país, el impacto del coronavirus profundizará la recesión en que está sumida la economía argentina desde el inicio de 2018.

Según algunas consultoras privadas el retroceso sería del orden del 2% del PBI, que en términos nominales equivalen a unos u$s5.000 millones a precios corrientes de mercado. Para el Banco Central, en tanto, la visión más optimista habla de una caída del 0,5 por ciento.

Uno de los sectores más afectados será sin dudas el agropecuario, por la caída de los precios de las materias primas agropecuarias ante una menor demanda mundial, afectando el valor de las exportaciones y por ende la recaudación fiscal.

También se verá afectado el turismo receptivo, que tras una muy buena temporada de verano enfrenta un panorama muy preocupante y con perspectivas de turismo invernal muy pobres.

A ello se suman los problemas propios del mayor grado de aislamiento que implica menores niveles de consumo y, por arrastre, de producción industrial, que además está trabada por la falta de provisión de insumos, partes y repuestos importados.

En este contexto, la carta que guardaba el Gobierno en la manga para sacar al país de la recesión que viene afectando al país desde 2018 ha quedado invalidada, ya que es poco probable que el consumo se reactive ante una previsible caída adicional del salario real y un aumento del desempleo.

En forma paralela se agrega otro factor negativo dadas las actuales circunstancias, que es el derrumbe del precio del petróleo, pues complica el desarrollo de Vaca Muerta, otra de las ventanas por las cuales el Gobierno apostaba a que podría salir de la recesión.

También es difícil predecir cómo evolucionarán las negociaciones de la reestructuración de la deuda, dada la extrema volatilidad de los mercados de deuda y la aparición de varios países que están mostrando claras señales de poder caer en incumplimiento de sus obligaciones.  

Ante este escenario tan negativo, lo único cierto es que se debe seguir monitoreando todas las variables en forma continua, y tomar decisiones en función del avance de los acontecimientos, con el único objetivo de transitar la crisis con el menor costo posible tanto desde el punto de vista económico como social.