Yaguas. La última maravilla en la Amazonia peruana

Un nuevo parque nacional en la Amazonia peruana es considerado uno de los últimos grandes bosques intactos del mundo y con un original ecosistema acuático.

El parque nacional Yaguas lleva el nombre de su pueblo originario,  que habita en la provincia de Mariscal Ramón Castilla y la provincia de Putumayo, ambos en el departamento de Loreto, Perú. Son unas 4 mil personas, inmersas en los remotos bosques tropicales del noreste de Perú.

Los bosques que integran el nuevo Parque nacional Yaguas, son tan vastos que las nubes que se forman sobre ellos llegan a influir sobre la pluviosidad del oeste de Estados Unidos. En la región hay especies —en particular, peces— que no son iguales a ninguna otra en la Tierra. Los científicos que estudian la flora y la fauna de la zona obtendrían conocimientos sobre los procesos evolutivos, así como la salud ecológica y la historia geológica del Amazonas.

Ahora el área es el hogar de uno de los parques nacionales más nuevos del hemisferio occidental. El parque nacional Yaguas protegerá cientos de miles de hectáreas de un sitio natural —y a los pueblos indígenas que dependen de él— de la deforestación y la construcción.

El nuevo parque de Perú se une a un grupo de parques y reservas creados recientemente en varios países sudamericanos, incluyendo Ecuador, Chile y Colombia.

Más de 1.000 personas, que pertenecen por lo menos a seis grupos indígenas, viven desperdigados en una extensión de 200 kilómetros de los ríos Yaguas y Putumayo. Para ellos, este lugar es la Sachamama —una palabra que en quechua significa, a grandes rasgos, ‘madre selva’ o ‘madre Tierra’ y que también hace referencia a un ser mitológico de la Amazonia—, el corazón sagrado de la zona que produce la flora y la fauna de las que dependen esos grupos.

Estos pueblos indígenas son parte de una comunidad mayor que se dispersó por la zona durante el auge de extracción del caucho a principios del siglo XX. Son descendientes de los pocos que sobrevivieron a la esclavitud, la tortura y el genocidio que cobraron decenas de miles de vidas.

En las dos décadas anteriores, las federaciones indígenas que viven por el Yaguas han estado trabajando para proteger la tierra. Educaron a los científicos y los conservacionistas sobre su geografía y biología, y convencieron al gobierno de que valía la pena conservarla.

En las tierras bajas amazónicas del parque nacional Yaguas se mezclan varios tipos de ríos que contienen formas características de vida acuática durante la temporada de lluvias, cuando los bosques se inundan. Este cóctel inusual de aguas fluviales produce una gran biodiversidad; más de 300 especies de peces se han adaptado a la vida del bosque.

Los peces se alimentan de frutas, propagan semillas y encuentran su hogar en las ramas. Para verlos, es más fácil abrir un leño que usar un sedal, dijo Hidalgo, quien ha estudiado los peces del área durante años.

Una especie aún sin nombre no crece más que el tamaño de un pulgar y solo ha sido hallada en túneles subterráneos. Sin embargo, con las 3.000 plantas, 600 aves y más de 150 especies de mamíferos, hay mucho más que solo peces en Yaguas.

A menudo elusivos en las zonas de mucha caza, aquí los tapires de Yaguas parecen más visibles. “Nunca había visto tantos tapires en un solo lugar”, dijo Vriesendorp. A veces es posible encontrarlos en el bosque mientras comen lodo salado para extraer sus minerales.

También se ha informado que en el parque hay nutrias gigantes, que pueden crecer hasta alcanzar 1,8 metros y las cuales están en peligro de extinción. Conforme sus hábitats se fragmentan debido a la deforestación y la construcción, estos enormes mamíferos enfrentan la extinción en varios sitios.

El que tengan presencia en Yaguas sugiere que el ecosistema acuático aún es saludable, lo cual es importante, dado que el parque contiene la cabecera de un afluente hacia el Amazonas.

Si se ve el bosque tropical desde arriba, surgen predecibles patrones lineales de otra joya del Yaguas: turberas o humedales de descubrimiento reciente. Son parte de una red de turberas a lo largo del noreste de Perú, que juntas guardan cantidades masivas de carbón. Mantener el carbón en el suelo es crucial, aunque será todo un desafío en el remoto Yaguas y las zonas circundantes con menos restricciones.

Por ahora, Yaguas está a salvo, pero quienes luchan por la conservación de los espacios naturales, saben que mañana será accesible lo que hoy es remoto, y ese aspecto, el de la inaccesibilidad, es lo que mantiene la región a resguardo.

Por ahora la naturaleza celebra.