Crece la crisis de las divisas en los países emergentes

El epicentro de la crisis cambiaria está en Turquía, pero los coletazos llegan a Brasil, Argentina, Sudáfrica, Rusia e India.

En lo que va de año, la lira turca se ha dejado casi un 40% de su valor. Solo en agosto, la bajada acumulada respecto al dólar es de más del 20%, tras varios desplomes abruptos.

En Argentina, con el peso, la caída fue más progresiva, con una bajada del 11% este mes, pero con un resultado casi igual: en lo que va de año se deja algo más del 40%. Por su parte, el real brasileño tocó cotas mínimas de más de dos años (con una depreciación de casi el 20% desde el inicio de 2018). Y la rupia india está desde mayo en mínimos históricos, tras bajar este año cerca del 9%.

Los nubarrones parecen haberse instalado sobre muchas divisas emergentes

Otra vez. Los motivos que llevaron a esta situación a las monedas no son exactamente los mismos. En algunos casos, la incertidumbre política hace de lastre. En otros pesa la dependencia de las materias primas o de China. Pero la política monetaria de Estados Unidos es un catalizador para los problemas de la mayoría. Porque de forma cíclica, cada vez que la Reserva Federal emprende una senda de subida de los tipos de interés, el dólar se refuerza y los mercados emergentes se resienten.

El peso de la deuda

El golpe es más fuerte si además, como ahora, las tensiones suceden tras un periodo de fuerte endeudamiento de estas economías, en gran medida en moneda extranjera. De ahí que las divisas más castigadas sean aquellas con mayor vulnerabilidad exterior: Turquía, con un déficit por cuenta corriente del 5,5% del PIB; Argentina, del 4,3% del PIB, y Sudáfrica, con una deuda externa del 50% del PIB.

“En los años de bonanza, los mercados donde los inversores se sienten seguros están más dispuestos a tomar ciertos riesgos a cambio de mayores rentabilidades. Así que su interés por los emergentes crece. Al tiempo, durante esas etapas, estos países vieron la oportunidad y se endeudaron en dólares. El problema es que cuando el ciclo se acaba y sus divisas se deprecian, no alcanzan a pagar esas deudas contraídas en dólares. Y en ese punto es donde están Turquía y Argentina, con deudas corporativas en divisa extranjera muy potentes”, explica Ignacio de la Torre, socio de Banca de Inversión en Arcano. Este analista cree que ambos países se han metido en círculos viciosos muy difíciles de romper. Cuando las deudas en dólares se hacen impagables, las empresas quiebran, los balances de los bancos se resienten, la inversión extranjera se retrae más… Y la bola crece. En estos casos, la única solución suele pasar por el auxilio del FMI.

La caída casi sincronizada de las divisas emergentes ha despertado los temores a una repetición de las peores crisis, como la que sacudió al Sureste asiático, Rusia y Latinoamérica entre 1997 y 1998. Cierto contagio, en efecto, se ha producido: según los datos del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, en sus siglas en inglés), tras el desplome de la lira turca, la salida de capitales se ha acelerado este mes en Sudáfrica y en China. Pero, como dirían los economistas Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart, esta vez es diferente.

Los inversores parecen distinguir entre las divisas lastradas por el deterioro de sus fundamentos económicos y aquellos afectados por cuestiones de política interna, como Brasil o India. En India, la rupia está en mínimos, pero su deuda no es preocupante y no se auguran problemas en el sistema bancario. Su problema está más vinculado al fuerte déficit por cuenta corriente. Necesita inversiones extranjeras y algunas se están retrayendo, porque el grado de cumplimiento de los planes de modernización del Gobierno de Narendra Modi no están siendo tan rápidos y profundos como se esperaban.

En el caso de Brasil, donde el real está a niveles de 2016, pesan las próximas elecciones. El inicio de la campaña electoral arroja unos resultados inciertos y una competición muy reñida para las presidenciales del 7 de octubre. Además, ninguno de los candidatos ha detallado su programa de reformas ni de ajustes necesarios para una economía con un débil crecimiento y una elevada deuda pública. Y eso desanima a los inversores. Sin embargo, este país no acumula mucho déficit por cuenta corriente, gracias a su potencia exportadora en materias primas. Y la deuda en dólares es más o menos limitada.

(Fuente El País, España / Imagen archivo El Economista)