Hace 90 años que Argentina no consigue un modelo sustentable de desarrollo

La demanda de dólares por parte de los argentinos crece notablemente durante la cuarentena. Así lo confirmó hace unos días el BCRA a través de su informe de Evolución del Mercado de Cambios correspondiente a mayo, que indica que durante el quinto mes del año la cantidad de personas que compraron dólares oficiales para ahorro fue el doble que lo registrado durante el mes anterior mientras que, al comprarlo con marzo, el incremento fue de 450%.

Por otra parte, la cuenta corriente cambiaria, que comprende el resultado neto de operaciones de cambio registradas como exportaciones netas de bienes y servicios e ingreso primario y secundario en línea con las definiciones de la balanza de pagos, registró en mayo un déficit de US$ 322 millones. Esto, a pesar de que durante el mes las cantidades importadas cayeron 26%, al tiempo que los volúmenes vendidos al exterior cedieron 8,6%.

“El número preocupa porque estacionalmente mayo es uno de los meses fuertes de ingreso de divisas por la cosecha gruesa, pero también porque debido a las restricciones por el Covid-19 la cuenta de servicios que tradicionalmente resulta deficitaria (en mayo de 2019, por US$ 581 millones), cerró equilibrada (sólo US$ 16 millones de déficit) por el derrumbe de la cuenta de viajes”, explicó el economista Martín Tetaz en su informe semanal que fue difundido ayer.

En base a que en los primeros cinco meses del año se registró un rojo de US$ 302 millones, el especialista plantea la inquietud sobre cuál será el resultado durante la segunda mitad del año, cuando se recuperen las importaciones y los viajes y, sobre todo, cuando a la economía le sobren unos dos billones de pesos emitidos por el BCRA para financiar el déficit fiscal.

“Una parte del problema, desde el punto de vista estructural, tiene que ver con que hace 90 años que Argentina, salvo breves excepciones, no consigue implementar un modelo sustentable de desarrollo en términos de su capacidad de generar divisas”, afirmó Tetaz, al tiempo que señaló que entre 2004 y 2019 el PIB creció 43%, aunque las cantidades importadas, a pesar del fuerte ajuste de 2018 y 2019, crecieron punta a punta 82%, mientras que los volúmenes exportados sólo lo hicieron 23%, y la mayor parte de esa expansión se dio durante el último año.

Según el economista, esto quiere decir que el crecimiento que se produjo desde 2004 no fue sustentable y que sólo se sostuvo mientras duró la ilusión de los términos de intercambio favorables, que eclipsaron el estancamiento de las cantidades exportadas y que cuando se acabó fue reemplazado primero por el uso de las reservas y luego por el período de endeudamiento de los tres primeros años del Gobierno anterior.

“La otra parte del problema es que cuando se acaban los dólares los gobiernos recurren a mecanismos de administración de divisas, que agravan el problema porque tienen sesgo antiexportador. Si un productor agropecuario recibe un dólar de $46 (aunque paga insumos al de $73), a un exportador de servicios le liquidan un dólar de $68 y los importadores que tiene problemas para conseguir el oficial de $73, necesitan pagar $110 en el contado con liquidación, pues los precios relativos favorecen la producción de bienes que compiten con las importaciones y penalizan las inversiones en bienes que se venden al exterior”, explicó.

De acuerdo con el especialista, detrás de esto hay una lógica política. En ese sentido, señala que el salario real y el tipo de cambio real se mueven en espejo. “Los gobiernos evitan que el precio del dólar ajuste la cuenta corriente del balance de pagos, porque eso implica reconocer que los salarios reales son más bajos y todo gobierno cosecha en las urnas la fantasía de inflarlos o sufre las consecuencias de que hayan bajado”, afirmó, y agregó que los gobiernos deberían evaluarse por su capacidad de aumentar las exportaciones y generar flujos de inversión extranjera directa, que son las únicas dos fuentes de crecimiento sostenible de la economía y los salarios.

En ese sentido, afirma que a pesar de que preocupa mucho el rojo en la cuenta corriente y en la brecha cambiaria con Brasil, son mucho más nocivos los planes de estatización de empresas que quiere promover un sector del Gobierno, lo cual hundiría toda posibilidad de que el país reciba inversión extranjera directa y condena a los argentinos a tener salarios reales más bajos o a ciclos de ilusión y desencanto: de salarios reales artificialmente altos y de ajustes inevitables, respectivamente.

Importadores

A pesar de que en mayo la industria cayó 18,1% interanual, según Orlando J. Ferreres, y que el comercio se contrajo 51% interanual, según Came, los datos del Banco Central indican que la demanda de divisas de esos sectores fue mayor este año que en 2019, lo cual explica la reacción de la entidad monetaria en cuanto a los controles cambiarios para los importadores, cuya reciente leve flexibilización sigue afectando el aprovisionamiento de insumos para la industria, que complica la producción y las estructuras de costos.

“La flexibilización es marginal y seguirá complicando la provisión en julio”, estimó ayer Analytica, y afirmó que dichas restricciones retrasarán la recuperación económica pospandemia. “Es verdad que el Banco Central logró recuperar US$ 600 millones de reservas perdidas, pero con certeza la medida retrasó, al menos, alcanzar el piso de la actividad económica”, sostuvo, al tiempo que señaló que antes de la cuarentena la demanda de energía del sector mantenía niveles similar a los de antes de la pandemia y que después tras la normativa esta demanda se estancó en 80% a la prepandemia, a pesar de que la cuarentena se fue flexibilizando después.

Fuente: El Economista