Empleo: cuatro horas semanales para cubrir impuestos

Empleo: cuatro horas semanales para cubrir impuestos

Es un cálculo privado. Un trabajador tiene que dedicarles 4 horas a la semana para liquidar sus gravámenes.

Aumento. La recaudación tributaria aumentó en relación al tamaño de la economía y ya es el 32%.
Con la presión tributaria en alza, una porción cada vez más grande del ingreso de los argentinos queda en manos del fisco. Un cálculo del economista Fausto Spotorno muestra que los impuestos se llevan más de la mitad de los ingresos de los contribuyentes. Por cada hora de trabajo, entre 29 y 35 minutos se destinan a pagar impuestos.

Los que se sacan más rápido los impuestos de encima son quienes ganan menos. A mayor salario, en cambio, más tributos intervienen como Ganancias o Bienes Personales. Una porción mayor del ingreso entonces hay que destinarla a pagar.

“En Argentina, la mitad del año se trabaja para el Estado”, dice Spotorno. “Entre 29 y 35 minutos por cada hora que una persona trabaja -dependiendo de su nivel de ingresos- se lo lleva el Estado”, apunta Spotorno.

Cuando se calcula el “día de la liberación de impuestos”, la cantidad de días que a lo largo del año una persona trabaja para pagarle al fisco, esa fecha llega al 20 de junio para los sectores más pobres, al 28 de este mes para las familias que tienen ingresos promedios y recién a mediados de agosto para los que más ganan.

A esto se agrega la complejidad del esquema tributario argentino. Según Spotorno, si un trabajador tuviera que realizar por sí mismo su liquidación de impuestos debería destinar cuatro horas semanales para cumplir con la burocracia.

En Argentina hay 170 impuestos vigentes, sumando los nacionales, los provinciales y los municipales. “El Estado genera una mochila muy pesada para las empresas que hace muy difícil que se logre el crecimiento económico”, plantea Spotorno.

La presión tributaria llegó a 32% del PBI el año pasado, una suba de tres puntos respecto del nivel que tenía al comienzo de la administración de Alberto Fernández.

Desde la lógica del Gobierno, aumentar la presión no va en contra del fomento de las inversiones. “En ningún país del mundo hay inversiones porque se bajen los impuestos”, dijo días atrás el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero.

Esto ocurrió poco después de que el Senado aprobara los cambios en el impuesto a las Ganancias para las empresas, que llevan la alícuota al 35%, excepto para las pymes, que pagarán 25%.

“Impuestos altos con credibilidad baja es una receta para que nadie invierta”, marca el economista Andrés Borenstein. Y apunta que en el mundo, el promedio del impuesto a las ganancias para las empresas es 23,85%, mientras que en Argentina si se distribuyen dividendos esa alícuota sube al 40%.

Borenstein señala que la nueva ley tiene un problema estructural. “Si por ser pyme pagas menos impuestos, entonces no tenés incentivos para crecer. Las pymes son muy importantes para la economía, pero el “pymismo” es una enfermedad”.

“La nueva ley es un verdadero engendro. Castiga la inversión, baja impuestos a los empresarios y se los sube a las empresas en el país con mayor presión impositiva del planeta sobre el sector corporativo… después del Archipiélago de las Comoras en África”, dice el diputado de Juntos por el Cambio, Luciano Laspina.

Ganancias

La suba de Ganancias para las empresas fue el recurso que encontró el Gobierno para compensar la reducción de los ingresos fiscales por eximir de este impuesto a 1,2 millón de trabajadores en relación de dependencia.

“El impuesto a las Ganancias societarias no es progresivo”, insiste Laspina. El legislador pone este ejemplo: un multimillonario se compra una bodega en Mendoza para despuntar el hobby de la vitivinicultura. Con esta ley su bodega (la que crea empleo) pagará igual o más impuestos ahora, pero el empresario pagará menos.

Con la ley anterior del 2017 cualquier empresa pagaba 25% si reinvertía sus ganancias y creaba riqueza y 35% (10 puntos más) si repartía dividendos. “El “incentivo impositivo” para reinvertir las ganancias-en lugar de girar dividendos- era de 10%. En la nueva ley eso se achica al 5% para todas las empresas del país”.

Esto hará que las empresas grandes -que ganan más de US$ 27.000 mensuales- tengan un aumento de 10 puntos, que llevará la alícuota de 25% a 35% si reinvierten sus ganancias. Y un aumento de 5 puntos (de 35 a 40%) si distribuyen dividendos. “La nueva ley castiga la reinversión de utilidades y premia la distribución de dividendos”, concluye el diputado Laspina.

Fuente: Clarín