El tipo de cambio ya impacta sobre la soja más que las retenciones

Del efecto pánico de los productores el año pasado al antipánico actual, que retrasaría la venta de granos y la liquidación de divisas. Inflación y vías de escape.

Al descuento por retenciones del 33%, los productores agropecuarios suman la diferencia entre el tipo de cambio de $66,43 -con el que deben liquidar los granos- y los valores del dólar de mercado.

El tipo de cambio ya impacta sobre la soja más que las retenciones. El 33% de derechos de exportación, que a los valores de este martes representó US$ 105 por cada tonelada exportada de la oleaginosa, ya queda en segundo plano frente a los US$ 116 que los productores agropecuarios dejan de percibir del precio lleno internacional, US$ 321, valor FOB oficial en la Argentina. Es por la diferencia entre el dólar oficial al que liquidan la venta de granos y los valores del dólar disponible en el mercado, en el orden de los 115 pesos.

La suma de los “descuentos” por US$ 221 representa un 69% de retenciones efectivas sobre el valor FOB. A ellos deben sumarse los gastos de comercialización (en la jerga de los operadores es la brecha entre el precio FOB y el FAS) que hoy están en el orden de los US$ 12.

El 33% de retenciones más los gastos de comercialización, reduce la cotización de la soja disponible a US$ 202, el precio que actualmente rige en el mercado argentino. En el mercado de futuros, desde la semana pasada -según informó Clarín– cotiza menos que el trigo para los contratos mayo del Matba-Rofex: el cierre de este martes fue de US$ 213 para el cereal y de US$ 209 para la oleaginosa.

“La retención es del 33% pero por la diferencia cambiaria resulta irritativa la duplicación efectiva, hasta casi el 70%”, opinó el consultor de empresas agropecuarias Teo Zorraquín. Aunque planteó una salvedad: “Una parte de los insumos que compran los productores (fertilizantes y fitosanitarios importados) se rigen por el dólar oficial de $66,43. Pero algunos insumos comienzan a tener “inflación en dólares”. Por ejemplo, si un herbicida costaba US$ 3,50 cuando la brecha cambiaria no era tan alta, cuando el dólar de mercado sube, ese mismo producto se sigue calculando a $66 pero aumenta su precio a US$ 3,80. Es una forma, en la comercialización concreta, de ir corrigiendo no a través de la modificación del tipo de cambio oficial, sino a través de la inflación en dólares”.

Zorraquín refleja que “por ahora el mercado de insumos está bastante quieto, por la cuarentena no ha habido tantas compra-ventas, por lo cual esa inflación en dólares no está por lo menos generalizada, pero es uno de los temores que hay al respecto”. De hecho, la inquietud fue analizada en la última reunión virtual del ministro de Agricultura, Luis Basterra, con la Mesa de Enlace, el viernes 17.

“Por el valor mayorista con el que se pesifican los granos sumado a los derechos de exportación, en términos de ingresos por tonelada es muy importante el impacto”, consideró Hernán Fernandez Martínez, asesor de productores en todo el país.

“No es un buen precio para vender la soja”, remarcó el analista de mercados Pablo Adreani. Y analizó: “Cuando surgen estos escenarios, que son “vox populi” en los círculos económicos, lo primero que hace un productor es retener el máximo posible y no vender. Entonces, el año pasado, antes del cambio de gobierno, se vendieron 30 millones de toneladas entre maíz y trigo, que podríamos llamar de “pánico” ante el aumento de las retenciones”.

El resultado de las Paso del 11 de agosto, las elecciones del 27 de octubre y la asunción del nuevo gobierno del 10 de diciembre fueron tres instancias clave que indujeron a los productores a vender en forma anticipada 18 millones de toneladas de maíz y 12 millones de toneladas de trigo para estar cubiertos ante el posterior aumento de las retenciones, que el gobierno había anunciado y efectivizó el 14 de diciembre. Se duplicaron los derechos de exportación para esos dos cereales (por el decreto 37/2019, la alícuota se “actualizó” al 12%. En rigor, se suprimió el esquema macrista de $3 por cada dólar del valor de exportación, que representaba entonces 6,7%, y se dejó vigente el tope de 12% establecido en el decreto 793/2018, del 3 de septiembre de 2018. Hace menos de dos años, aunque parece que hubiera transcurrido más tiempo, el gobierno anterior dispuso ese régimen –para todas las exportaciones- luego que se duplicara el tipo de cambio en pocos meses: el dólar pasó de menos de $20 a más de $40 tras una sequía agrícola histórica que redujo un 30% el volumen de la cosecha argentina, que se combinó con restricciones financieras globales, entre otros ingredientes que fueron armando un “cóctel explosivo” para la economía nacional.

En esta oportunidad, interpreta Adreani, “la situación es totalmente inversa, porque los productores ven que el dólar está atrasado, que hay una distorsión cambiaria entre el dólar oficial, el contado con liquidación, el dólar “bolsa” (MEP) y el blue”. Por eso, se habla de un dólar soja a $44 pesos.

Según Adreani, ahora podríamos decir -que los productores están en modo “antipánico”, sin motivaciones para vender, y esperan que se acomode el tipo de cambio real. Y siguiendo la metáfora psicológica, advierte que “ahora debería estar en pánico el Gobierno, porque esta distorsión cambiaria (atraso condicionado por la emisión monetaria sin respaldo), al final derivará en un ajuste del tipo de cambio oficial. Todos lo saben, entonces, mientras tanto, los productores no venden sus granos y los exportadores no liquidarán los dólares”. Adreani proyectó las liquidaciones de divisas de la agroexportación para los próximos meses en una nota de Clarín Económico del domingo 19 de abril.

El analista de mercados advirtió que “cuanto más rápido el Gobierno tome la decisión de ajustar esta distorsión cambiaria, más sano va a resultar para la economía en su conjunto, porque de lo contrario va a haber un menor ingreso de divisas en el trimestre abril-mayo-junio y esa retracción del productor se puede extender en la medida que se dilate la decisión de ajustar el tipo de cambio oficial”.

Frente a ese escenario, Fernández Martínez, reflejó que muchos productores utilizan como vía de escape las tasas de devaluación implícitas en el dólar futuro. Y explicó la vuelta de tuerca financiera: “El dólar noviembre está en el orden de los 85 pesos y se busca captar ese valor. Para hacerlo se hace una venta pesificada por Rofex: en noviembre, a un dólar de $ 85 y con la soja a US$ 220 da un valor de $18.500; para enero de 2021 da $ 20.000 por tonelada de soja. Se hace un cheque a esa fecha, que se descuenta –en un banco o en una sociedad de garantía recíproca- a una tasa del 25%, que es sumamente baja en este contexto, todo lo cual permite sumarle unos 30/40 dólares a los US$ 200 que cotiza actualmente la soja”.

Fuente: Clarín