“El Gobierno entiende la necesidad de corregir los saltos del dólar, pero el acuerdo con el FMI es muy estricto”

Por Miguel Kiguel

El Gobierno viene tomando medidas ya desde el año pasado para superar la crisis, y todo indica que desde el último acuerdo con el Fondo Monetario se estabilizó el tipo de cambio, al menos que no tenga saltos bruscos en poco tiempo. Con el nuevo programa con el FMI el dólar ya se comporta de forma más estable y parece haber quedado atrás la crisis cambiaria.

Sin embargo, el problema que se mantiene hoy en día es que la economía, como consecuencia de la crisis, sufrió importantes subas en la tasa de interés, hubo una perdida en los ingresos de la gente y, como resultado de eso, se generó una recesión que todavía está con nosotros.

En resumen, si bien se superó la crisis cambiaria, lo que todavía no se logra superar son los efectos secundarios de la crisis que son la recesión y un aumento de las tasas.

El tipo de cambio es una variable central para la economía argentina, probablemente mucho más que para otras economías del mundo. Esto se debe a que somos bimonetarios, donde el dólar juega un rol muy importante, tanto como instrumento de ahorro como también para fijación de precios.
 
Entonces, ante movimientos bruscos e inesperados en su precio podemos ver brotes inflacionarios importantes y, al mismo tiempo, dolarización de los portafolios. Lo cual tiene un efecto muy negativo sobre los ahorros en pesos y pueden llevar a movimientos importantes de salidas de capitales y atesoramiento de billetes.

Habiendo dicho eso, el dólar en general bajó mucho su volatilidad respecto al 2018, y aunque dado que Argentina tiene inflación es de esperar que el tipo de cambio este año se mueva en línea con la suba de los precios, porque Argentina necesita competitividad para mantener un déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos relativamente pequeño.

El problema es que en un sistema de flotación como se tiene por el acuerdo con el FMI, el dólar no se mueve de forma suave, como sería en un sistema de flotación administrada, sino que lo hace bruscamente y eso genera tensión, por los reacomodamientos que son muy rápido por la sensibilidad que tenemos los argentinos con el dólar.

Creo que el Gobierno entiende la necesidad de corregir esos saltos bruscos, pero el acuerdo con el Fondo es muy estricto y genera limitaciones para que Hacienda o el Banco Central pueda intervenir para reducir estos saltos.

Las tasas de intereses han sido, sin duda, un elemento importante para evitar los saltos cambiarios. A partir de que Argentina tomó en octubre del año pasado un sistema de flotación, en el cual se anunció un crecimiento cero de la base monetaria, que implicó en la práctica un cambio de estrategia. Es decir, en vez de tratar de controlar el dólar por intervención cambiaria se lo hace por medio de controlar el crecimiento de la cantidad de dinero.

La contraparte de utilizar esta política monetaria más dura, de menor crecimiento de dinero y de menor liquidez, es que las tasas crecieron mucho. De hecho, llegaron a tocar el 74% anual en octubre pasado cuando se lanza esta nueva estrategia.

Sin dudas, desde la eficiencia, controlar el tipo de cambio utilizando el crecimiento de la cantidad de dinero y suba de tasas de interés es mucho más complejo, porque el impacto es más indirecto. Es más sencillo controlar el dólar en el día a día con intervenciones del Banco Central y anuncios sobre cómo debería estar el tipo de cambio.

La estrategia actual si bien funciona, en la práctica tiene movimientos muy bruscos. Se ha visto que la tasa de interés osciló en los últimos meses entre 40% a 60% anual. Por eso esta volatilidad no le hace bien a la economía porque es muy difícil poder programar desde el punto de vista financiero cuando las tasas y el tipo de cambio suben a los niveles actuales.

En cuanto a la tasa, pensamos que cuando la inflación baje a 2% mensual vamos a ver un fuerte descenso. Si bien todavía no ocurrió, más adelante deberíamos verlo. Eso podría ser mucho más rápido si se lograra que Argentina tenga más flexibilidad en la intervención cambiaria.-