El descongelamiento de combustibles dejó un tironeo entre empresas

Si el congelamiento de precios del Decreto de Necesidad y Urgencia 566/19 unió en los reclamos a las productoras y refinadoras del país, el descongelamiento que se aplica desde hoy trajo un escenario diametralmente opuesto, con un fuerte tironeo entre las empresas para definir quién paga el costo del atraso en los surtidores.

“Desde el jueves vuelve a regir la Ley de Hidrocarburos, según la cual los precios son libres y los fijan las empresas”, se aseguró desde la secretaría de Energía de la Nación, marcando así que, pese a lo que varios actores de la industria esperaban, no habrá una salida armoniosa y consensuada del congelamiento del crudo y las naftas.

Hasta la semana pasada, por la vigencia del DNU cada barril de petróleo en el país valía unos 48,5 dólares a raíz de los valores impuestos por Nación tanto para el Brent –la referencia del mercado local– como para el dólar. En el primer caso el valor estaba fijo en 59 dólares para el Brent y 51,71 pesos por cada dólar.

Pero a partir del descongelamiento, las empresas buscan volver a la paridad de importación que fija la Ley de Hidrocarburos del país, y por la cual cada barril de crudo debería costar cerca de 52,50 dólares.

SurtidLas productoras reclaman un valor por su crudo pero las refinadoras ofrecen menos. La negociación está atada a los surtidores.ores

En esta cotización influye el incremento del valor del Brent, que ronda los 62 dólares, y los descuentos por calidad del crudo y por retenciones a las exportaciones que se aplican al cotizar los barriles nacionales, por lo cual el valor final baja hasta los 52,50 dólares.

Pero desde las empresas que son netamente productoras, emprendieron una nueva pelea, esta vez ante las refinadoras por el precio de su crudo.

Las operadoras reclaman un valor más cercano a los 56 dólares por barril, dado que cuestionan el descuento por retenciones que se les realiza cuando en realidad no están exportando su producto.

Este descuento responde a lo que podría decirse es un criterio de oportunidad, dado que es el precio que se podría obtener ante una eventual exportación.

En la práctica representa una ganancia para las refinadoras dado que por ejemplo el último pedido de exportación que se presentó hace pocas semanas de parte de una firma que es sólo productora, no logró salir del país ya que fue comprado (o cruzado como se dice en la jerga) por una de las grandes refinadoras argentinas.

En el extremo de esta pugna están los precios en surtidor. El aumento percibido de entre el 5% y el 7% según qué zona del país, dicen “es un porcentaje menor si se considera que el atraso en los surtidores es mayor al 12% con respecto a la paridad de importación.” Desde las refinadoras comprenden que no es posible realizar una actualización de golpe que impactaría de lleno como inflación en el resto de la economía nacional.

Como en una jugada de ajedrez, operadoras y refinadoras esperan el primer movimiento que abra el tablero en esta puja y las miradas están puestas en YPF, la firma que por su posición dominante es la que ha definido en los últimos años los precios en surtidor y con ellos, hacia adentro de la industria, el del barril.

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