El ahorro como condición de crecimiento

En un contexto de inflación alta, distorsiones en los precios relativos, dificultades para pagar los servicios básicos y altas tasas de interés, es muy difícil pensar en ahorrar. Sin embargo, la falta de ahorro interno también contribuye a un sistema poco eficiente y productivo en lo general, y una falta de previsibilidad y confianza en el futuro, en lo individual.

Podemos culpar al sistema o podemos empezar por casa. A nivel global entre el 70% y el 90% del ahorro de un país es privado, compuesto por empresas e individuos. Una tasa baja convierte a un país vulnerable a las condiciones macroeconómicas globales, como subas de tasas de interés en países que el mercado ve como similares al nuestro. Cuando un país ahorra, es más autosuficiente y sustentable.

El ahorro se traduce en inversión, la inversión hace aumentar la productividad de un país y es la base de su crecimiento, sirve para paliar los momentos duros y para sobrevivir dignamente los años en los cuales no vamos a poder seguir trabajando y vamos a tener gastos muy altos en salud y cuidados.

Pero también sirve para aprovechar los momentos de auge y oportunidades. Cuando la expectativa de futuro es positiva, nos da un trampolín para poder aprovechar el momento, invertir y crecer, lo cual nos protege hacia el futuro. Esto es válido también a nivel país.

De acuerdo a un informe del Banco Interamericano de Desarrollo, entre 1980 y 2014, Latinoamérica tuvo una tasa de ahorro promedio del 17.5% del PBI. Asia por su lado, logró una tasa del 35% para el mismo período y Europa del 25%. Argentina en promedio ahorró un 15% de su PBI, ocupando el lugar número 14 entre los países latinoamericanos y el Caribe. Este estudio demuestra que la cultura del ahorro en nuestro país tampoco imperaba en los buenos momentos. Cuando nos fue bien, ahorramos un poco más, pero no tanto como para estar preparados para la próxima crisis o para crecer en las subsiguientes épocas de bonanza.

La falta de estabilidad monetaria no es excusa, hay muchos instrumentos que nos permiten guardar en bienes que no se deprecian en el tiempo, siendo las inversiones inmobiliarias un ejemplo. Un estudio realizado por el Banco Central de San Francisco en 17 países demostró que entre 1880 y el presente, las inversiones inmobiliarias residenciales en el largo plazo superaron en rendimiento a una cartera diversificada de acciones, con la mitad de la volatilidad. Esta investigación tuvo en cuenta guerras mundiales y períodos de alta inflación. Asimismo, la gente en el mundo ahorró y creció.

En todo caso, la falta de previsibilidad de un sistema como el nuestro debería ser un incentivo para ahorrar y para que nuestros hijos midan lo que gastan, no desperdicien ni dinero ni recursos y tengan su propia estabilidad personal asegurada. De esta manera, tal vez entre todos, además generemos un país más productivo, más tranquilo y confiable para las generaciones que vienen.

(*) La autora es Cofundadora de Bricksave