De la euforia al derretimiento de las ganancias, pocos tendrán buenos recuerdos del 2018

La fortaleza del dólar y de las tasas, el desinfle de las acciones tecnológicas tras el escándalo de Cambridge Analytic; las crisis turca y la argentina entre los Emergentes, la alarma italiana, un octubre “rojo”, y para cerrar, las tensiones entre Trump y Powell, cristalizan una época de Navidad, muy alejada de la “noche de paz”.

La palabra de moda a principios de este 2018 fue “derretirse”, ya que las acciones norteamericanas subieron casi un 3% más en la primera semana de enero.

Jeremy Grantham, el fundador de GMO, administrador de activos que predijo las burbujas de las “.com” y de las hipotecas, advirtió que el rally casi eufórico era un mal presagio. Sin embargo, dado que los inversores disfrutaban del efecto “recorte de impuestos” dispuesto por el gobierno de los Estados Unidos sobre las ganancias corporativas, no muchos escucharon.

Así enero de 2018 se convirtió en uno de los mejores meses para las acciones mundiales desde la crisis financiera. Pero en febrero, gran parte del repunte de enero se deshizo, y los inversores probaron por primera vez que 2018 sería mucho más volátil que 2017.

El mercado de bonos infligió el daño inicial en las acciones. Un fuerte aumento en el promedio de las ganancias en los Estados Unidos en enero aumentó el temor a la inflación, lo que hizo que los rendimientos de los bonos aumentaran considerablemente. Pero el declive en las acciones se volvió violento como fondos de “volatilidad inversa”, o aquellos vinculados al índice de volatilidad Vix que los operadores solían apostar en los mercados que permanecían tranquilos. Su colapso el 5 de febrero se extendió por el mercado de valores de EE. UU. cuando los bancos y otros operadores se apresuraron a cubrir sus propias posiciones. Resultó en una de las correcciones más rápidas de la historia, del 10%.

Cuando la polvareda de febrero se asentó, los inversores enfrentaron otra amenaza, ahora encarnada por un sector que venía impulsando las acciones al alza, el sector tecnológico. Las afirmaciones en marzo de que el grupo de análisis Cambridge Analytica había extraído los datos personales de 50 millones de usuarios de Facebook para su uso en las elecciones presidenciales de EE. UU., cristalizaron los temores de que la gran tecnología se arriesgara a una regulación más estricta, y sus acciones comenzaron a revertir la tendencia alsista.

Apple, Amazon, Netflix, Google Alphabet Alphabet y Facebook, enfrentaron diferentes desafíos, este año ha sido más difícil para cada uno que en 2017. “Es como un globo de helio que vuela alto hasta que finalmente el helio se desvanece y el globo flota de regreso a la Tierra “, dijo Michael Underhill, estratega jefe de inversiones de Capital Innovations, sobre el comercio de este año en aciones de tecnología.

Rebote del dólar

En la reunión anual en enero de la elite política y empresarial en Davos, Suiza, el secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Steven Mnuchin, puso un pie sobre la cotización del dólar  al expresar la preferencia del gobierno por una moneda más débil.

Si bien los comentarios de Mnuchin fueron una muestra de las tensiones comerciales que se intensificarían, y en ocasiones estallarían, entre los EE. UU. y sus socios comerciales durante 2018, en abril, Con las expectativas de crecimiento económico y tasas de interés en los EE. cUU., el billete verde comenzó un repunte que confundió los pronósticos.

El índice del dólar, una medida amplia de la moneda, subió más del 8 por ciento entre mediados de abril y mediados de agosto. Los analistas de JP Morgan calificaron al resurgimiento del dólar como “el fenómeno más notable” del año.

El castigo a los Mercados Emergentes

El resurgimiento del dólar resultó particularmente doloroso para los mercados emergentes, cuyos bonos, acciones y monedas comenzaron a caer, Turquía fue una de las caídas más duras gracias, en parte, a las declaraciones de su presidente, Recep Tayyip Erdogan Declaró que las tasas de interés eran la “madre de todos los males”, y junto a una combinación de mayor inflación, dólar en alza y las dudas sobre la determinación del banco central turco de aumentar las tasas avivó la crisis; al punto de precupar en los mercados si la situación  de la lira turca podría afectar a los bancos europeos. Finalmente el banco central turco implementó una serie de medidas de ajuste y la iniciativa en septiembre con un fuerte aumento en las tasas de interés.

A medida que la crisis monetaria de Turquía se agudizaba durante el verano, se podría decir que Argentina fue el más afectado entre los países de América del Sur. La fuerte devaluación del peso luego de que el gobierno le pidiera al Fondo Monetario Internacional que acelerara el desembolso de efectivo tan necesario, el BCRA elevó las tasas de interés del 45% a más del 60% a fines de agosto con picos que rozaron el 70%. La reacción inicial del mercado fue especulativa, ya que la moneda cayó un 12% en el día.

Alarma a la italiana

A medida que la presión sobre los Emergentes se intensificó, Italia volvió a atraer la atención de los inversores hacia los mercados desarrollados. En las elecciones de marzo en el país, los partidos populistas Five Star y la Liga llegaron a la cima, un resultado virtualmente ignorado por los inversores.  Los rendimientos de los bonos italianos se dispararon a medida que los inversores examinaron los planes de gasto del nuevo gobierno. Después de una pausa durante el verano, Italia estuvo nuevamente en la mira de los inversionistas a principios de otoño cuando el gobierno preparó su presupuesto de debut. El presupuesto, que se anunció en octubre, llevó a la UE a iniciar medidas disciplinarias contra Roma por romper las reglas fiscales del bloque. Si bien en diciembre se produjo un repunte de los bonos italianos en previsión de un acuerdo presupuestario que la UE y Roma alcanzaron el 19 de diciembre, hay escepticismo sobre si las tensiones han terminado. “Esto parece un compromiso irregular, que permite al gobierno italiano y a la comisión ganar tiempo y echar la lata por el camino, posiblemente hasta después de las elecciones europeas [en mayo de 2019]”, dijo Lorenzo Codogno, fundador de LC Macro Advisors y Un ex economista jefe de la Tesorería italiana.

“A la caza del Octubre Rojo”

El aumento de los rendimientos de los bonos fue el desencadenante inicial de la invasión de febrero en las acciones, y octubre tuvo una repetición. Los rendimientos de los bonos habían subido silenciosamente desde el verano, pero el presidente de la Reserva Federal, Jay Powell, aceleró la venta masiva a principios de octubre diciendo que las tasas de interés estaban “muy lejos de ser neutrales”.

Los inversionores tomaron eso como un indicio de que la FED podría acelerar el ritmo del ajuste monetario que ya había generado tres aumentos de tasas en 2018. Eso provocó un temblor en el mercado de valores que creció en intensidad y culminó en una venta masiva que los analistas denominaron “Octubre rojo”, aunque ninguna relación con la novela de Tom Clancy; el resultado fue uno de los peores meses para la renta variable mundial desde la crisis financiera.

El petróleo derramado

A principios de octubre, los precios del petróleo acumulaaban una suba de casi un 30 por ciento. El crudo Brent, el índice de referencia internacional, había superado los 86 dólares por barril e incluso hubo especulaciones de que se podrían alcanzar los 100 dólares por barril. Pero ese tipo de conversación rápidamente quedó en la fantasía, y con preocupación por la robusta producción de petróleo de los EE. UU. Si bien eso alentó al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien estaba dispuesto a mantener bajos los precios del gas, fue suficiente para alarmar a Arabia Saudita y otros productores de la OPEP, que a principios de diciembre presentaron un recorte de producción de poco más de 1 millón de barriles por día. Pero una caída de aproximadamente el 12 por ciento en el precio del petróleo desde la reducción del cártel sugiere que los vientos en contra continúan.

Caos de diciembre

El rendimiento en el Tesoro de referencia a 10 años cayó del 3,24 por ciento a principios de noviembre al 2,75 por ciento el día después de Navidad, ya que los inversores de renta fija comenzaron a anticipar una expansión más lenta de los EE. UU., en 2019.

Con los analistas recortando sus pronósticos de ganancias corporativas, la angustia de los inversores se acentuó más cuando la FED emitió su cuarta subida de tasas del año, el 19 de diciembre. Eso ayudó a impulsar la curva de rendimiento de EE. UU. Históricamente, una inversión de la curva de rendimiento, cuando los rendimientos a corto plazo son superiores a los de los de fecha más larga – ha demostrado ser un precursor preciso de una recesión. Si bien ningún economista predice una recesión para los EE. UU. en 2019, los inversores terminan el año buscando una “puerta de salida”. Los últimos días antes de Navidad solo aumentaron la inquietud después de que un medio de comunicación de los Estados Unidos informara que Donald Trump había considerado despedir al Jeremy Powell; además de un forzadísimo intento por tranquilizar a los mercados por parte de Mnuchin, terminó siendo por forzado, contraproducente.

Con información de Financial Times