Cuando el zorro cuida el gallinero

La Comisión Nacional de Valores (CNV) de Argentina inició un sumario a una de las sociedades de bolsa más grande del país por operaciones que perjudicaron a clientes institucionales, particularmente cajas y colegios profesionales.
De acuerdo a la CNV, este proveedor de servicios bursátiles realizaba compras y ventas de títulos innecesarias y de forma discrecional, con el sólo fin de generar comisiones.
Del sumario surge que las hacía en distintos mercados de Argentina con el objeto de hacer diferencias a su favor entre los distintos precios existentes para un mismo título.
Según la investigación la entidad operaba títulos desde su propia cartera, comprándolos en el mercado que tuviera el precio más bajo y vendiéndolos a sus clientes en donde cotizaran más alto.
La investigación establece que estas operaciones se realizaban para el sólo beneficio de la propia sociedad de bolsa, aunque no se descarta el pago de “retornos” a alguna autoridad al frente de estas cajas de jubilaciones.
Claramente que las características de este tipo de cliente -cajas de jubilaciones cuyos dineros son de muchos y de nadie- contribuyeron a que ninguna autoridad al frente, por acción u omisión, revisase o auditare esta masiva cantidad de operaciones innecesarias y a precios que a cualquier persona medianamente capacitada en el área de finanzas debiesen por lo menos haberle llamado la atención.
¿Es perverso entonces el sistema de comisiones?
La respuesta es que no debería serlo. Pero si tenemos en cuenta que los inversores son personas que en su mayoría no revisan cuentas periódicamente o ni siquiera entienden qué hace su bróker o asesor financiero con su dinero, está claro que el cliente queda expuesto al mayor o menor grado de ética del bróker o asesor y a la capacidad de sostenerlo más allá de sus necesidades de ingresos o las metas de ventas que está obligado a cumplir.
El salto de fe del inversor y el conflicto de interés de su asesor
Esta es justamente la encrucijada que se produce en la relación entre el cliente y el asesor que cobra comisiones. Los clientes necesitan contar con asesores de confianza y entregarse a ellos. El sistema de comisiones da lugar al mensaje del zorro cuidando al gallinero; es imposible relajarse.
Un sistema diferente.
El mundo está mutando hacia un modelo de servicio totalmente opuesto al del tipo “venta de productos” e “ingresos por comisiones”. Es el método Fee-Based.
Tiene como principios la independencia y total libertad de conflictos de interés con el cliente; el 100% de los ingresos del asesor proviene de los honorarios acordados con su cliente.
Esta metodología no sólo empuja al asesor a brindar un asesoramiento 100% objetivo sino también beneficia al cliente en la reducción de entre el 50% y el 80% de los costos y comisiones que hoy paga innecesariamente. Cuando los intereses están alineados, asesor y cliente tiran o empujan para el mismo lado.

Fuente: Mariano Sardáns CEO de FDI