“In-commodities” Como cotizan en la bolsa, del supermercado

Por Marcelo Biasatti

Mientras el fantasma de la estanflación (inflación + recesión), se siente en sus efectos, la variación del dólar rápidamente se traslada a las góndolas. La desproporción de los precios internos de la economía complejiza el escenario de cualquier medida económica, en especial en años electorales, haciendo puré la ayuda social antes de destinarla; complicando las negociaciones de paritarias con techo, una ilusión del Gobierno, tanto como el objetivo del déficit CERO a través de recortes en el gasto del estado. En medio de las negociaciones del presupuesto con los gobernadores, El FMI, los combustibles o Vaca Muerta; nada más productivo que la vaca muerta en los depositados congelados en el Freezer de la heladera. Nada mejor que apostar a la valorización de los stock de la alacena doméstica y ni que hablar del que invirtió en un porfolio de oleaginosas sea
de cocina, maíz, girasol u oliva.

He aquí algunas comparaciones -cotización al día de la fecha en la caja del supermercado “que te da más”-. Pequeñas decisiones de micro economía personal ante la distorsión de los precios relativos:

Uva Blanca en Racimo $ 189 / Kilo, casi lo mismo que una botella aceptable
versión “Chardonay”.

Dos kilos de espárragos $516, (precio por Kilo $258), casi equivalente al libro
top de actualidad “La raíz de todos los males” de Hugo Alconada Mon: $549.
Buen momento para alimentar el espíritu.

-¡Salamín! … pasa a ser un adjetivo “calificativo” si consideramos a $1.045 el kilo; para
quedar bien en una reunión, a este precio, “salamín mata Malbec”, hablando de bienes sustitutos.

Parafraseando el tango “Cambalache”: “…Los inmorales se han igualado”, acercándose confianzudamente, misma marca: salamín $1045 / jamón cocido seleccionado $ 903, por kilo.

Ni que hablar de la mortadela que está más viva que nunca, y si es la italiana ya eso es hablar del euro al mercado de futuro. Caja de huevos Grandes por 12u.: $108.70 precio unitario $9.08. Sin Comentarios. Por suerte, justo al zapallito redondo lo dejaron a $ 99.90 el kilo.

Cuando hay un salto del dólar, el impacto se traslada primero a los precios de “bienes transables” ya que si no se venden en el mercado interno, se venden en el exterior; mientras, los servicios quedan rezagados puesto que no pueden absorber la diferencia en forma automática; pensemos en el corte de pelo, las clases particulares, etc.

El impacto del tipo de cambio sobre el componente núcleo (4,8%) alerta sobre
un septiembre de una inflación alta (+5% mensual). Esta aceleración de los
precios de los alimentos más los tres aumentos de los combustibles se
traslada sin duda a la cadena de valor. Así, tendríamos una previsión según algunas encuestadoras de una tasa inflacionaria de entre el 42% y el 45,5% a fin del 2018; transformándose en la tasa inflacionaria más alta desde la convertibilidad. En tanto que el rubro alimentos habría aumentado el 90%.

Algo distinto a lo sucedido en 2001. Antes, las grandes empresas priorizaban desarmar inventarios para no trasladar todo el impacto de los costos por la devaluación a los precios. Lo importante era mantener el share, la cuota de mercado, quedar bien posicionados para cuando se produjese la reactivación. Ahora, el comportamiento es distinto: buscan
conservar o asegurar margen de ganancia, por lo que aumentan los precios
a costa de menores ventas. El aumento en los bienes transables, alimentos, preanuncia, en la segunda ola, una caída de demanda de servicios, turismo, ocio.

Ante el precio de las uvas en vez de un Chardonay, lleve dos.