Bosch: Qué falta para que los bancos sean “seguros”

Por Dionisio Bosch

La historieta es que no vamos a tener una crisis bancaria, que el mundo aprendió y que los bancos son hoy más seguros que nunca, gracias a crecientes estándares regulatorios, mayores requisitos de capital, la implementación de stress test, etc. Es claro que nuestro sistema bancario pasa todas las pruebas y requerimientos del Banco Central e incluso algunas entidades las sobrepasan.

El primer problema es que aquí y en todas partes los bancos saben cuáles son las debilidades que busca detectar y eliminar el regulador, lo que les permite “encontrar maneras astutas de reformular sus activos” (Danie Tarullo, Gobernador FED, 2009-17) para reducir los niveles de capital -con que garantizan el dinero tomado al público-, sin reducir su exposición al riesgo -que es lo que les genera las ganancias-. Esto se debe a que como la cartera de préstamos de cada entidad es única, el regulador debe darles cierta flexibilidad en la interpretación de las reglas contables, una flexibilidad que no existe con los requisitos de capital.

Esto nos lleva a la espinosa cuestión de cómo se calculan los niveles de capital del sistema bancario (no hablamos del caso en que el Regulador tiene otros intereses que la exclusiva protección de los ahorristas –por ejemplo, control del dólar, intereses políticos, etc.-).

En su manera más llana, el capital del banco es el valor por balance de sus activos menos el valor neto de sus pasivos. El problema es que tanto el activo como el pasivo son estructuraciones contables, lo que nos lleva a la cuestión fundamental, ¿cómo determinamos el valor de cada activo/pasivo?. Algunos se valúan a precio de mercado…pero otros no, entremezclando lo contable, con lo financiero y lo económico. Estas decisiones son las que determinan cual es el capital que tiene un banco, que a su vez es el factor clave para habilitar la exposición al riesgo que tome la entidad y de aquí, el nivel de préstamos, depósitos, su tasa de interés, y en la sumatoria de entidades, las de todo el sistema. Ergo, la clave sobre la solidez de un banco y del sistema bancario pasa por entender cómo se miden los activos y pasivos.

Aparece así el segundo problema: los reguladores y los bancos se comportan como si las reglas contables y las regulaciones bancarias fuesen dos cosas distintas (la SEC/CNV está a cargo del control contable y la FED/BCRA del Bancario) cuando el foco para determinar la verdadera solidez de un banco debiera estar puesto en la interacción entre las mediciones contables y los requisitos de capital (Acounting Versus Prudential Regulation, Jeremy Bertomeu, et.al, 2018).

Suponer que simplemente estableciendo mayores requisitos de capital -que es algo a lo que el regulador apela de manera cíclica: más capital en tiempos de más problemas, menos en los de bonanza- evitamos el quiebra de las instituciones financieras, puede ser la clave del desastre. Mayores estándares en este sentido sin tomar en cuenta el tipo de préstamos de los bancos deriva en la búsqueda de mayores riesgos para compensar la pérdida de ganancias, o préstamos cuyo resultado no compense al capital, en tanto desde lo contable crece el incentivo a “no ser proactivos en el reconocimiento de las perdidas” buscando insuflar el capital (Agency Conflicts, Bank Capital Regulation, and Accounting Measurement, Tong Lu et.al. 2016).

Pensar que solo por cumplir los requisitos legales y regulatorios, nuestro sistema bancario o cualquier otro es seguro, no es más que “wishfull thinking”