Bosch: Los impuestos o el exilio

Lo peor de la mal llamada “fuga de capitales, no es que migre y disminuya el dinero disponible para inversiones en un territorio, sino que si la situación empeora, quienes se fugan/emigran son los titulares de ese dinero.

“Tener que dar pistas de cómo proteger el capital renunciando a la Argentinidad, por temor a impuestos expropiatorios, es lo último que hubiera querido hacer”

Por Dionisio Bosch

¿Qué significa “empeora”?. Obviamente una situación de guerra o alzamiento interior, persecuciones religiosas o ideológicas, desastres naturales, etc. Pero no hace falta tanto, solo conque la carga impositiva sea mayor al retorno que puedan obtener las personas con sus inversiones (expropiación), se verá a  muchos pensando en mudar sus petates.

A fines de 2012 un icono de Francia, como Gerard Depardieu se mudó a Nechin, sobre la frontera Belga, cansado de pagar impuestos. Unos meses antes Bernard Arnault del grupo LVMH y el hombre más rico de Francia, había solicitado la misma ciudadanía. ¿Porque Bélgica?: mismo idioma, misma religión, menos congestionamiento, sin impuesto a la riqueza y con leyes de herencia más favorables.  Pero no fueron los únicos, incluso los jugadores de futbol y clubes amenazaron con irse del país o entrar en huelga.

El disparador de esto fue el pergeño del economista y “rock star” Thomas Piketty adoptado como promesa de campaña por François Hollande: un superimpuesto de 75% a las ganancias de más de € 1 millón anuales por dos años (Piketty quería un tax de 80%), como muestra de “patriotismo” de los más ricos. La medida, adoptada en septiembre fue un desastre, recaudo € 260 millones en 2013 y € 160 millones en 2014 en línea con lo esperado pero llevó a que cerca de 2.5 millones de franceses se establecieran en circunscripciones con tasas impositivas más favorables (muchos de los que se quedaron acordaron con sus empleadores a acotar sus ingresos por dos años y “arreglar después”). Como contracara, la recaudación 2013 cayó a € 16.000 millones cuando el presupuesto hablaba de € 30.000 millones y la 2014 a € 16.200 millones (la evidencia es que el punto de inflexión para la curva de Laffer –cuando más presión implica menos recaudación- estaría en el rango 50-65%). Para peor, si bien se esperaba que fueran apenas unas 1500 las personas físicas afectadas, a poco de sancionarse, en diciembre de 2012 la Corte Constitucional declaró al impuesto “anticonstitucional” por violar la idea de igualdad ante la ley.

Ante la evidencia y a pesar de la presión de las bases socialistas el Presidente debió dar marcha atrás y a pesar que un mayor impuesto a los ricos era popular (6 de cada 10 franceses apoyaban la idea) el reciente y juvenil  Ministro de Finanzas Emanuel Macron, que ya antes como asesor había definido al “impôt” como “Cuba sin el sol”, lo convenció de rebajarlo de manera discreta y callada al 50% y no renovarlo (hoy la tasa máxima  a las ganancias en Francia volvió a ser 45%).

Arnault abandono la idea de renunciar a su nacionalidad francesa, pero Depardieu quien le encontró “el gustito” a esto de ser “expatriado (en 2013 adopto la nacionalidad Rusa por invitación de Vladimir Puttin y tal vez también por la tasa a las ganancias: 13%) y otros cientos de miles de francesas no. Y los socialistas de ganar la presidencia en 2012 con el 51.65% de los votos (29% en la primera vuelta) pasaron a ocupar el quinto lugar este años en las elecciones europeas (14% de los votos).

¿Quiere un mejor ejemplo de porque los impuesto expropiatorios no sirven?. A pesar de esto, algunos insisten con la idea.

El problema con estos de los impuestos abusivos no es solo que no sirven para recaudar más, sino que crean un daño permanente al tejido social y la reputación de los países. Especialmente hoy cuando nunca fue tan fácil ser un “emigrado impositivo”, incluso para los que no son millonarios, y cuando la idea de globalización ha creado un nuevo tipo de “ciudadanos del mundo” en que la “ciudadanía” es casi un commodity más.

Formalmente los vehículos para esta migración se denominan Programas de Ciudadanía Económica (ECPs) aunque también se los conoce como Ciudadanía por Inversión o Programas de Inversión de Inmigrantes. El primero fue el de la isla de St.Kitts Nevis en 1984 a un año de la independencia, cuando la nueva nación buscaba capitales para desarrollarse. Hoy la emisión de pasaportes (que permite el ingreso a 152 países sin visa previa –el record es para Alemania, 177 países contra una inversión  de €350.000 más gastos para obtener la visa como entrepreneur; la ciudadanía se pide al 3er año) es la principal exportación del país, representando 14% de su PBI y aportando 30% de los ingresos fiscales. Dos años después le siguió Canadá, en 1990 los EE.UU., en 1993 Dominica, en el 94 Inglaterra y ahora son más de 45 los países que ofrecen estos planes.

Para muchos son una manera de pagar menos impuestos, para algunos de evitar trastornos de viajes (con el Brexit explotó el pedido de nuevas ciudadanías por los Británicos), para otros, un seguro de vida… es el caso de las decenas de miles que recuperaron la nacionalidad de sus abuelos, para garantizarse un trabajo en el viejo continente –en lo impositivo, por ahora, mejor seguir siendo argentinos-.

Desde ya que no todos los planes son iguales –algunos requieren residencia fisica, otros no, algunos ofrecen directamente la ciudadanía, otros residencias “elite” que permiten luego aplicar a la ciudadanía) pero básicamente se trata de invertir dinero en un negocio o propiedades, o directamente donarle dinero al estado, a cambio del permiso legal para vivir, trabajar, comerciar y viajar bajo la bandera de ese país. ¿El dinero en juego?: de U$D 15.000 (Tailandia) a U$D 10 millones (Francia).

A grandes rasgos, tal vez lo más simple para los argentinos es la isla de Dominica (no confundir con Republica Dominicana, a unos 1.000 kms de distancia), donde basta una donación de U$D 100.000 (o propiedad de U$D 200.000 –un poco más para la familia de cuatro-) y una entrevista para obtener la ciudadanía dentro de los 60 días, sin necesidad de permanencia ni visitas posteriores, ni de renunciar a la  ciudadanía original (las ganancias externas están exentas de impuestos las locales solo pagan 15% y el pasaporte permite viajar sin visa a 137 países).  

El programa más deseado sin embargo es el de los EE.UU., mejor conocido como visa EB-5 que a través de una inversión de U$D 1.000.000 o U$D 500.000 en zonas rurales –trepa a U$D 1.8 millones y U$D 900.000 a partir del 21 de noviembre), que creen 10 empleos directos o indirectos permite el acceso a una “Green Card” y pasaporte. A los dos años se puede solicitar la residencia permanente y pasados 5  es posible aplicar  a la ciudadanía –no siempre conveniente ya que se empieza a tributar además por los bienes fuera del país del norte-, pero para esto hay que haber vivido en suelo yanqui más de la mitad del tiempo. Los principales inconvenientes son que tarda unos doce meses y existen apenas 10.000 vacantes –los chinos se llevan casi tres cuartas partes- por año para unos 25.000 candidatos que entran por orden de llegada, y que los costos asociados -abogado especializado en inmigración, cargos del Centro Regional o administrador del proyecto, etc-. rondan los U$D 75.000. Por último, hay que rezar para que Trump siga al frente del país para que los impuestos no suban.

Lo más barato para los argentinos, sin embargo esta mucho más cerca: Paraguay. Desde lo impositivo, las ganancias del extranjero no pagan recargos y las locales rondan en general el 10% (ganancias de capital 10%, dividendos 5%) y el país da acceso a 143 países sin visa. Uno de los problemas es que la residencia no es permanente sino por 10 años (hay rumores que se bajaría a 2 años) y recién pasados 3 años se puede aplicar a la ciudadanía,  mientras a favor tenemos que no hay estancia mínima ni obligación de tener propiedades y cumplidos los requisitos formales  basta con demostrar un depósito de en guaraníes equivalente –bloqueado por 3 o 4 meses hasta que se consigue la residencia- a menos de U$D 5.000 (para esto pida una referencia en su banco local). El costo de hacerlo a través de un intermediario no supera los U$D 3.000.

La culpa no es de la gente (o tal vez sí porque vota y actúa como lo hace). Que haya un punto en que no pueda/acepte pagar más tributos y prefiera el exilio es algo natural que viene ocurriendo en todas las culturas desde el inicio de la historia. Tener que escribir una nota, en la que damos las “pistas” a nuestros conciudadanos de cómo hacer para proteger su capital renunciando a la Argentinidad, por el temor a que los impuestos puedan volverse expropiatorios, es lo último que hubiésemos querido hacer.