Boggiano: Cómo EE.UU. falsea los números de inflación

  • Por Miguel Angel Boggiano

En los últimos 100 años, el dólar ha perdido más del 95% de su valor, de acuerdo a las estadísticas oficiales de los Estados Unidos. Sin embargo, existe un relato generalizado en los EEUU y otros países desarrollados en torno a la inflación: dicen que ha muerto.

La realidad es muy distinta ya que los gobiernos de las grandes economías del mundo también falsean sus datos de inflación. Vale aclarar que lo hacen de una manera mucho más sofisticada y elegante que el Moreno style.

Hoy les voy a mostrar el gran truco que usa EEUU para su cálculo de la inflación: un mecanismo que se llama “ajuste hedónico de calidad” y que hace posible reportar números mucho menores a los verdaderos. Veamos:

En EEUU la inflación se mide mediante el Índice de Precios al Consumidor (conocido como CPI, por sus siglas en inglés).

El CPI tiene una importancia vital, ya que se usa para hacer los “ajustes por inflación” en distintas situaciones: ajustar las prestaciones de seguridad social, los bonos del Tesoro ajustables por inflación, para medir la evolución de los salarios y el PBI en términos reales, para medir el rendimiento de activos financieros y más.

Ahora bien, los precios de los bienes y servicios pueden aumentar básicamente por dos razones:

Por la pérdida del poder adquisitivo del dinero (inflación) Por la mejora de la calidad de esos bienes y servicios.

El primero de los motivos es 100% monetario; el segundo no lo es.

Aquí aparece entonces una cuestión importante: en los últimos años han habido grandes mejoras en la calidad de una infinidad de productos. Entre los que más se destacan están los ligados a la electrónica (celulares, computadoras, cámaras de fotos) y otros como autos y electrodomésticos.

Esto es lo que está pasando en EEUU: los aumentos de precios por mejoras en la calidad son eliminados del cómputo del Índice de Precios al Consumidor mediante algo que se llama “ajuste hedónico de calidad”.

Dicho de otra manera, hay un mecanismo por el que se eliminan del cómputo de la inflación los aumentos de precios por mejoras de calidad. Desde el punto de vista teórico esto tiene sentido, pues lo que busca el índice de precios es medir la pérdida del poder adquisitivo del dólar (es decir, la inflación como fenómeno monetario).

El problema es que todo esto se va al demonio cuando se usa el Índice de Precios al Consumidor como medida del aumento del costo de vida de las personas. Y aquí está la trampa: mientras que en EEUU nos quieren hacer creer que la inflación “ha muerto”, el costo de vida de los estadounidenses no para de aumentar.

Les voy a mostrar esto con un ejemplo concreto:

Veamos lo que pasó con la industria automotriz con dos modelos de vehículos muy populares en EEUU: el automóvil Toyota Camry LE y la camioneta F-150 XLT de Ford.

En 1990, la Toyota Camry LE tenía un precio de venta sugerido al público de USD 14.700, para su modelo básico. Hoy, el modelo base de la Camry LE cuesta USD 25.000. Un aumento del 70%.

En el caso de la Ford F-150 XLT, el precio del modelo base tuvo un aumento del 163% en el mismo período.

Sin embargo, el Índice de Precios al Consumidor para nuevos vehículos aumentó sólo un 22% entre 1990 y hoy. Vale agregar que todo ese aumento del 22% se produjo entre 1990 y 1997. Desde entonces, el IPC para nuevo vehículos no ha subido.

En el siguiente gráfico, las barras muestran la evolución de precios de la F-150, la línea roja los de la Camry LE y la verde el CPI de nuevos vehículos entre 1990 y la actualidad:

Esta discrepancia en el aumento “real” de los precios y el cómputo del índice de precios se debe en gran parte a los “ajustes de calidad”.

Pero, ¿cuál es la trampa de estos “ajustes hedónicos”? Que en la gran mayoría de los casos, esas mejoras tecnológicas terminan siendo una imposición para los consumidores.

Volviendo al ejemplo anterior, si un estadounidense quiere comprar hoy un Camry LE, no puede comprar el modelo de 1990 sino que tiene que comprar el modelo actual con todas las mejoras de calidad que este incluye. No tiene escapatoria.

Imagínense ustedes que quieren comprar un auto nuevo hoy sin aire acondicionado. Sería imposible de hacer. Todos los modelos ahora vienen con esa mejora. Así sucede con otra enorme cantidad de ellas. El consumidor tiene que comprarlas sí o sí.

Entonces, si este razonamiento lo trasladamos al resto de los bienes y servicios, nos encontramos con un fuerte aumento en el costo de vida durante los últimos años, algo que no se ve reflejado en las estadísticas oficiales.

¿La consecuencia? Los estadounidenses viven en un mundo “sin inflación” pero cada vez más caro, y más difícil de pagar.

¿Y qué es lo importante de todo esto? Que todos los actores actúan como si no hubiera inflación.

Solo para citar el caso más relevante, la Reserva Federal de los Estados Unidos se encuentra imprimiendo nuevamente dinero en enormes cantidades, utilizando como uno de sus principales argumentos que la inflación se encuentra por debajo de los niveles esperados.

Hacen esto en un contexto en el que el costo de vida está subiendo, y eso es muy peligroso para cualquier economía.

Con lo que aquí nos encontramos es con el riesgo de ver una crisis en las monedas de los países más importantes del mundo. Existe el riesgo de que la inflación se descontrole y el valor del papel moneda se derrita a un ritmo vertiginoso.

Por eso es que hace mucho vengo insistiendo con la importancia de agregar a todo portfolio de inversiones posiciones en metales preciosos, en especial oro y plata. Estoy convencido que son de las mejores inversiones que pueden hacer hoy en día.