Beldi: ni los Fernández podrán eludir la sangre, sudor y lágrimas que pedirán los acreedores

El panorama no es el mejor. Las limitaciones que encontrará el futuro Gobierno están en las reservas y la negociación de la deuda, porque los bonos que vencen entre 2020 y 2024 son impagables.

Por Luis Beldi

Por eso, algunos apuestan a que no habrá siquiera flotación cambiaria controlada en la próxima gestión, porque no habrá dólares para intervenir. Creen que se viene un tipo de cambio fijo o múltiples tipos de cambio, soluciones complicadas que se vieron en el pasado, cargadas de trampas para eludirlas.

Se calcula que, en esta semana, el Central puede volcar USD 2 mil millones para intervenir en la plaza cambiaria y arrimar alguna ficha de dólar controlado al Gobierno en su casi inalcanzable posibilidad de triunfar en las elecciones del domingo.

Del resultado electoral depende lo que suceda el lunes. Son cinco días, dos de ellos feriados, que transforman a una fecha cercana en el largo plazo. Si no hay anuncios contundentes del ganador sobre quienes manejarán la economía y lo que harán para evitar un probable default, cada día de la transición será el día más largo del siglo.

Por supuesto, en la incertidumbre, la transición es el momento ideal para fugar divisas porque se relajan los controles.

El riesgo país por encima de los 2.100 puntos indica que la restructuración de la deuda no es ineludible. Porque las pretensiones de los acreedores sobre reformas previsionales y laborales, serán similares a las del FMI. Ambos quieren conocer como bajarán el déficit fiscal y obtener superávit para pagar la deuda restructurada. Si no son claros, no hay restructuración, ni quita. Los esperará el default.

El populismo para cumplir con esos compromisos, debe quedar afuera. No asombraría si las medidas las tomara Mauricio Macri que cuenta con el acompañamiento del mercado y eso cumple la función de la anestesia. El ajuste duele menos.

Pero si triunfa Alberto Fernández, los electores le cuestionarán el ajuste porque lo eligieron para una reactivación inmediata de la economía.

También necesita el apoyo de Washington lo que lo obligará a ser más duro con Venezuela y, por ende, con Cuba.

Lo único cierto, es que no habrá disputa del poder con Cristina Fernández de Kirchner porque el interés común es consolidar el poder y están dentro de un país sitiado por la falta de dólares y la elevada deuda. Sin querer, retoman un país parecido al que le dejaron a Mauricio Macri, sin reservas y con deudas. La única diferencia es que ahora hay energía y no se debe importar gas y petróleo. Pero ese detalle obliga a que actualicen tarifas que volvieron a estar atrasadas y prometieron no dolarizarlas ni subirlas exageradamente. Una tarea pesada para quienes pregonaron lo opuesto.