“El problema de la educación no es de modernidad, sino de atraso.”

Hace veinte años escribió un clásico: La tragedia educativa. Los resultados catastróficos de nuestra educación y las razones profundas de ese fracaso estaban expuestos en sus páginas inolvidables.

Es médico, científico, académico, y uno de nuestros intelectuales más necesarios. Se llama Guillermo Jaim Etcheverry, y aquí derriba mitos y no ahorra críticas a la propia sociedad.

¿Qué pensás del resultado de las pruebas Aprender?

En principio, celebro que se instale una cultura de la evaluación, práctica que fue muy resistida. Estamos a más de veinte años de las primeras pruebas nacionales y desde entonces se han realizado otras de carácter internacional. Pero, aunque ya existe una tradición, cuesta sobre todo que la gente asuma los resultados.

La gente tiene la sensación de que la educación general es pésima, pero también que la propia es muy buena?

-Así es. Hemos hablado varias veces del “país de los huérfanos”, es decir, chicos que no saben responder cosas elementales cuyos padres no los reconocen como hijos. Las últimas pruebas Aprender indican que la mitad de los chicos que egresan de la escuela media tienen problemas para comprender lo que leen. Y eso es gravísimo después de 12 años de escuela. Dos de cada tres no pueden hacer simples operaciones matemáticas. Un verdadero escándalo. Y a nadie parece importarle mucho.

Otro mito argentino es que “somos brillantes cuando salimos al mundo”. Sin embargo, hay indicios de que nos pasan por arriba, incluso en países de la región. ¿No es cierto?

-Por supuesto. Eso lo demuestran las evaluaciones. En todo el mundo, los chicos que más rinden son los hijos de profesionales, los que pertenecen a las familias del 25% del nivel socioeconómico más alto y las que van a las escuelas con mayores recursos didácticos. En la Argentina es igual. Sin embargo, los mejores argentinos son peores que los peores de 30 países. Vale decir que en 30 países, los hijos del 25% más pobre, de los que hacen las tareas más sencillas y los que van a las escuelas que tienen menores recursos son mejores que los mejores argentinos.

¿Cómo se hace un cambio cultural en esta área?

-Con la gente, con el ejemplo. Si uno promete una revolución que va a venir y se propone preparar para las competencias del siglo XXI, se olvida de que esas competencias son, básicamente, las mismas de siempre: entender lo que se lee, capacidad de abstracción, ubicación en tiempo y espacio histórico, poder comunicarse y saber hilvanar frases con comienzo, desarrollo y final.

 

Fuente: La Nacion