EL FIN DEL EFECTIVO, EN VERSIÓN SUECA

Techfinance — By on 12/12/2016 12:31 pm

chaucashInvitado por el BCRA, el presidente del Riksbank pasó por Buenos Aires y dejó interesantes enseñanzas sobre cómo Suecia promueve el uso de medios de pago automáticos. Más del 80% de las operaciones se realizan sin cash. Cuáles son las prácticas que cualquier país puede implementar para reducir el uso del efectivo.

 

¿Tarjeta o efectivo? Tal vez esa simple pregunta que a todos nos han hecho en los comercios no se formule más de aquí a unos años.

En algunos países el tema ya está mucho más avanzado y, si bien todavía es muy lejano pensar en la desaparición del efectivo, todo indica que las economías del mundo se están inclinando hacia la digitalización.

El BCRA organizó las Jornadas Monetarias y Bancarias y en ese marco visitó el país el presidente del Banco de Suecia, Stefan Ingves, para contar la experiencia en la digitalización de su economía, un modelo que intentan copiar en la Argentina.

Ingves logró que menos del 20% de las transacciones en su país se efectúen en cash.

“El efectivo es de curso legal, pero uno no está obligado a aceptarlo. Un comercio puede poner un cartel diciendo que no se acepta efectivo. Más o menos la mitad de los negocios o de los bancos no aceptan efectivo. No se puede llevar efectivo a una sucursal bancaria para depositarlo”, contó Ingves.

El rechazo del efectivo es tal que ni el Estado lo acepta. “No se puede pagar en efectivo al gobierno de Suecia. No se permite el uso de efectivo. Los pagos son a través de celulares, de medios electrónicos, pero nunca a través de efectivo”, relató el presidente del Banco Central del país nórdico. “Así, queda claro lo que una persona gana y se favorece la transparencia”, agregó.

En Suecia, este proceso no fue impuesto por el sector público, “no es que alguien decidió librarse del efectivo, esto es una evolución que ha sido fomentada por los intercambios tecnológicos” contó Ingves en su exposición. Y para lograr esos resultados contó cuál es la clave más importante: “Hay que confiar en quienes participan en el sistema, porque si no hay confianza el sistema se desintegra. Esto funciona porque es una combinación de tecnología con un marco jurídico. Sin un marco jurídico en el que se confíe nada de todo esto es posible” remarcó.
Desde Suecia hasta África

El titular del Banco Central de Suecia destacó que estas claves son universales, que se pueden emplear en cualquier parte del planeta, tal como se logró también en África con países menos desarrollados.

Para favorecer los pagos con teléfono móvil, el Banco Central sueco promovió una aplicación, llamada Swish. Es una billetera móvil única que comparten todos los bancos, usuarios y comercios. “Es un sistema de pagos persona a persona en tiempo real facilitado por el Riksbank”, contó.

En el caso de Suecia, este proceso de bancarizar las transacciones llevó más de 30 años.

Hoy el gobierno no les permite a sus ciudadanos pagar los impuestos en efectivo, mientras que la mitad de los comercios directamente no acepta el pago con billetes.

“Hay muchas partes del mundo donde todavía se usa el efectivo, en esas zonas les falta incorporar tecnología. Pensando en cómo la economía opera, no hay necesidad de utilizar muchos billetes” agregó.

En cuanto a lo que puede pasar a futuro con el dinero en el mundo, Ingves reflexionó: “El desafío es pensar si los bancos centrales deberían o no empezar a emitir su propia moneda electrónica”.

 

Qué pasa en el resto del mundo

Un nuevo informe de la Alianza Better Than Cash, con sede en la Organización de las Naciones Unidas, explica diez pasos concretos que los gobiernos y las empresas pueden dar para dejar atrás una economía dominada por el efectivo y dar paso a la digitalización de los pagos.

El nuevo informe coincide con la publicación de las proyecciones del McKinsey Global Institute, que señalan la posibilidad de que las finanzas digitales generen un incremento de US$ 3,7 billones en el PIB para el año 2025, 95 millones de nuevos empleos en todos los sectores, y ahorren US$ 110.000 millones al año en pérdidas en países emergentes.

Hay evidencia que respalda el beneficio de pasar del uso del efectivo a los pagos digitales, pero es difícil que los gobiernos concreten este cambio por sí solos. En parte se debe a que conseguir crear una economía donde los pagos digitales estén ampliamente difundidos exige un enfoque de cooperación entre muy diversos actores del sector público y privado.

La investigación de la Alianza Better Than Cash analiza a 25 países, entre ellos la India, Nigeria, Tanzania, Ghana, Brasil y México.

“Países como Kenia, Tanzania y Ghana han logrado unas tasas del 80% o 90% de la población adulta que utiliza pagos móviles por medio de teléfono. Primero fue la población urbana de recursos medios altos la que accedía a esta posibilidad, pero poco a poco se fue expandiendo a zonas rurales con personas de bajos recursos”, cuenta Camilo Téllez, Head of Research de Better Than Cash.

“Para poder lograr la digitalización de la economía de un país es necesario tener un marco regulatorio que promueva la innovación y también el uso de los pagos móviles. Existen en muchos países, como Colombia, por ejemplo, iniciativas del gobierno para tratar de promover la reducción de uso de efectivo, sin embargo existe un impuesto a las transacciones financieras, entonces hasta que no se corrija ese impuesto la gente prefiere utilizar efectivo porque le sale más barato”, señala Téllez

Es importante que los Estados tengan una visión de cómo promover este tipo de pagos, pero teniendo en cuenta que un actor solo no puede mover toda la agenda del tema. Los gobiernos son quienes tienen que liderar estos procesos, apoyados por el sector privado.

“Muchos países tienen zonas rurales que están excluidas y en regiones geográficas difíciles para poder proveer servicios, porque la densidad poblacional no lo da. Es decir, no hay un modelo específico porque cada país tiene un contexto diferente. Es difícil decir queremos ser como Suecia, porque Suecia tiene una infraestructura financiera y de tecnología diferente y no solo eso, también está la cuestión de la demanda de los usuarios. Todos los usuarios en los países son diferentes; hay gente que utiliza las mismas tecnologías de maneras diferentes. Hay sociedades donde hay cierta aversión a utilizar ciertos tipos de pagos por razones histórico-económicas o porque la gente desconfía de los bancos, y todo eso tiene un impacto en cómo la gente se va apropiando y utilizando estas tecnologías”, agrega el ejecutivo.

Para la Alianza Better Than Cash los pagos electrónicos tienen muchos beneficios. Reducen los costos tanto para los negocios como para los gobiernos, aumentan la transparencia, porque si un gobierno realiza todos los pagos de manera digital se reduce la posibilidad de casos de corrupción, ya sea por contratación o subsidios del Estado, y si se hacen de manera digital se pueden controlar mejor y evitar los desvíos.

“El uso de los pagos digitales fomenta la inclusión financiera y eso lleva a la formalización de la economía”, sostiene Téllez. “Mucha gente que está por fuera del sistema financiero no tiene alternativa para poder incluirse y los bancos no han logrado penetrar en los niveles más bajos porque no es negocio, pero por medio del canal digital pueden reducir los costos y ahí ese segmento de la población es más interesante. Al mismo tiempo, al nivel de las empresas, también pueden tener beneficios porque salen de la informalidad, les da un historial crediticio que contribuye a mejorar la situación económica de esos grupos y, al mismo tiempo, tiene un impacto económico grande en el orden nacional.”

 

Cuestión de confianza

Según Téllez, lograr esa confianza es un proceso que depende de los actores que estén mejor posicionados para incrementar la confianza en el mercado, y eso no es responsabilidad del gobierno, sino del sector privado, que tiene que deliberar quién será la cara de un producto. “En África, por ejemplo, fueron los operadores móviles los encargados de promover el sistema porque la gente confiaba en ellos porque tenían una red de cobertura gigantesca, aun en las zonas más rurales. La gente no conocía a las compañías de energía o a los bancos, pero sí a quienes les daban el servicio de teléfono. Entonces las empresas capitalizaron esa marca para luego ofrecer servicios financieros por medio de las compañías telefónicas”, cuenta.

“En América Latina la situación es un poco diferente, porque el sistema financiero está más desarrollado y aun así en diferentes países ha habido diversas experiencias. Obviamente en Argentina, por la crisis financiera, existe cierto tipo de desconfianza al sistema financiero formal y eso ha llevado a la exclusión financiera de mucha gente que no quiere poner su plata en los bancos o en otros países, porque considera que los bancos son usureros, entonces en estos casos es el sector privado el que concientiza a los usuarios para que entiendan los usos y beneficios de las nuevas tecnologías. Por otra parte, el gobierno y el sector privado deben introducir políticas que protejan al consumidor, porque esta nueva generación de productos digitales-financieros trae consigo muchas oportunidades, pero como cualquier producto financiero también trae riesgos. Entonces desde la ONU se ha trabajado junto al Banco Mundial y el G20 en principios o normas para trabajar con el sector privado y promover políticas que protejan al consumidor, centradas en garantizar que los proveedores traten a los clientes de una manera imparcial, sobre todo cuando se trata de clientes con bajos niveles de educación y de educación financiera. Porque para que esto funcione, es importante que el cliente entienda cuál es el producto que está comprando o al que se está suscribiendo”, finaliza Téllez.

 

Stefan Ingves, presidente del Banco Central de Suecia

“No se puede pagar en efectivo al gobierno de Suecia. No se permite el uso de efectivo. Los pagos son a través de celulares o de medios electrónicos.”

 

Camilo Téllez, Head of Research de Better Than Cash

“Para poder lograr la digitalización de la economía de un país es necesario tener un marco regulatorio que promueva la innovación y el uso de los pagos móviles.”

 

10 pasos para evitar el cash

La Alianza Better Than Cash ha identificado una serie de medidas para que otros países puedan acelerar sus iniciativas de ahorro, incremento de ingresos fiscales y aumento de oportunidades para que su ciudadanía viva mejor. Esos diez aceleradores son:

  • Promover la infraestructura de aceptación comercial en micro, pequeñas y medianas empresas a fin de profundizar su uso entre pequeños y grandes consumidores.
  • Aprovechar las redes o plataformas actuales para hacer realidad productos y servicios de pago digital para difundir los servicios de pago digital con mayor rapidez y de manera tal que se disminuyan los costos.
  • Establecer una infraestructura digital compartida entre partes interesadas para reducir los obstáculos al acceso y promover la innovación en instituciones públicas y privadas.
  • Establecer la interoperabilidad para reducir los obstáculos que limitan las transacciones digitales a una sola plataforma de pagos y así aumentar la adopción y aceptación de pagos.
  • Desarrollar un programa único de identificación al que puedan acceder tanto el sector público como privado a fin de verificar las identidades, fomentando así los pagos digitales y la inclusión financiera. Los marcos de protección al consumidor son esenciales para garantizar la idoneidad de la privacidad, la seguridad y el control de datos.
  • Digitalizar los casos de uso rutinario en transacciones frecuentes para así incrementar la familiaridad y comodidad con los pagos digitales, y aumentar los volúmenes de las transacciones digitales.
  • Digitalizar los pagos gubernamentales para fomentar un ecosistema de pagos digitales que ahorra en costos por transacción y aumenta el acceso de la población a los pagos.
  • Digitalizar los comprobantes de pagos gubernamentales para promover la familiaridad con los pagos digitales entre el público en general y las empresas, y, a la larga, reducir las pérdidas y mejorar los ingresos. La colaboración con el sector privado es crucial.
  • Establecer normas que promuevan la innovación y las prácticas responsables al entender las lagunas y los obstáculos de la normativa actual, y con la participación activa de todas las partes interesadas.
  • Poner en práctica políticas que incentiven y mejoren la comodidad de los pagos digitales a fin de agilizar y generalizar el acceso y la adopción de los pagos digitales.

 

 

 Pagos electrónicos en el mundo

  • La India ahorra 2.000 millones de dólares al año con la digitalización de los subsidios al combustible, lo que también reduce la pérdida de pagos.
  • En Tanzania, la digitalización de pagos de empresas portuarias al gobierno eliminó 175 millones de dólares en pérdida de ingresos anuales, y tiene el potencial de elevar al PIB hasta 1.800 millones de dólares.
  • Brasil ahorró más de 30% en costos de transacciones en desembolsos gubernamentales para la población.
  • Gracias a la instalación de 20.000 dispositivos en puntos de venta, México tuvo un crecimiento de 17% en este tipo de transacciones entre 2014 y 2015.

 

 

Reemplazar el efectivo está lejos de evitar problemas como los robos

La fantasía de un mundo “cashless”

Por Elaine Ou*

Es divertido imaginar un mundo sin billetes. Liberados del peso del dinero físico, los consumidores podrían hacer compras desde la comodidad de un aparato móvil. Cada transacción vendría provista de protección contra fraudes, algún premio en puntos y el registro digital de su hora y lugar. El seguimiento integral ayudaría al Servicio de Impuestos Internos a reclamar los miles de millones de dólares en impuestos perdidos por ingresos no declarados, como los 80 dólares que cobré cuando vendí una heladera usada por el sitio web Craigslist. Los narcotraficantes, que sin un medio anónimo de pago no pueden hacer nada, se inclinarían por profesiones honestas. “El Chapo” podría convertirse en perito tasador.

Mis reflexiones sobre la utopía de un mundo sin billetes están inspiradas en un artículo escrito por Nathan Heller y publicado hace poco por The New Yorker. Un libro de reciente aparición, The Curse of Cash (La maldición del efectivo), de Kenneth Rogoff, execonomista jefe del Fondo Monetario Internacional, no llega tan lejos, pero afirma que el efectivo de alta denominación debería ir desapareciendo gradualmente, quizás con las monedas algún día reemplazando los billetes más chicos como alternativa a los pagos electrónicos. Otros economistas defienden la idea de prohibir totalmente el dinero físico.

Pero ese universo se está olvidando de uno de los aspectos fundamentales de la civilización humana. Un mundo sin papel moneda es un mundo sin dinero. El dinero pertenece a su actual poseedor. No importa si un billete se perdió o fue robado en algún momento. El depósito bancario otorga al banco la custodia del dinero. El saldo de una cuenta en realidad no es dinero, sino un reclamo sobre ese dinero.

Esa es una distinción importante. Un reclamo sólo representa su exigibilidad, y en una sociedad sin efectivo cada transacción debe pasar por un vigilante financiero. Los bancos, siendo instituciones privadas, tienen el derecho de rechazar operaciones a su criterio. No podemos esperar que todos los pagos reciban el debido proceso.

Eso significa que las organizaciones políticamente mal vistas podrían fácilmente verse privadas del acceso económico. Intentos anteriores de contener el lavado de activos inadvertidamente cortaron servicios financieros a individuos, empresas y ONG legítimas. La eliminación del papel moneda sin duda provocaría daños colaterales similares.

Es exagerado el argumento de que eliminando los billetes se combate la delincuencia. El año pasado, el gobierno británico hizo una evaluación de riesgo del lavado de activos y financiamiento del terrorismo y llegó a la conclusión de que las instituciones reguladas como los bancos y los proveedores de servicios contables (como el especialista panameño en refugios fiscales Mossack Fonseca) representan la mayor amenaza en lo que refiere a facilitar el depósito o movimiento de fondos ilícitos. El dinero en efectivo se ubicó en un cercano tercer lugar, pero si vamos a citar las transacciones ilegales como la razón para prohibir el papel moneda, sólo tiene sentido si antes se suprimen los bancos y los estudios contables.

La única ventaja de reemplazar el dinero en efectivo por reclamos sobre el mismo es que un reclamo puede ser descontado, cancelado o embargado. Eso no suena altamente beneficioso para la mayoría de la gente, pero esa característica es atractiva para un creciente grupo de personas que quieren colocar las tasas de interés en territorio negativo.

Tal como explica Rogoff, la política de tasas de interés negativas es una importante herramienta para que los bancos centrales recuperen la estabilidad macroeconómica. Durante épocas de lento crecimiento económico, el bajo costo del endeudamiento incentiva a las compañías a invertir y a los consumidores a gastar. El dinero físico se interpone en el camino de la política de tasas negativas, porque quienes que no quieren devengar intereses negativos pueden simplemente guardar sus billetes en una caja fuerte. Confinando la moneda nacional en cuentas bancarias, el gobierno puede fijar un impuesto al ahorro en nombre de la política monetaria.

Ahora, si hay algo que hace bien la población es evadir impuestos. Eso explica en buena parte por qué estamos teniendo esta conversación. Si las tasas de interés caen demasiado por debajo de cero, es posible que los ciudadanos encuentren una forma alternativa de efectivo. Los traficantes de drogas definitivamente lo harían. El dinero se reinventó varias veces a lo largo de la historia; se han usado como medios de pago conchas marinas, cigarrillos y códigos criptográficos. Los seres humanos son ingeniosos.

Rogoff reconoce este riesgo y asegura que la eliminación del papel moneda será eficaz “siempre que el gobierno esté alerta” mientras surge un medio alternativo para hacer transacciones. Eso se parece mucho a una política implementada en la China del siglo XIII, donde el uso del oro y de la plata como medios de pago era castigado con la muerte. Ese no es el sello distintivo de una sociedad libre, pero tampoco lo es la abolición de los billetes.

Una economía sin papel moneda viola las leyes básicas que han regulado el uso del dinero desde antes de la Revolución Industrial. Se está justificando la eliminación de una libertad fundamental, porque ello abriría las puertas a una política experimental diseñada para crear un impuesto a los billetes. El dinero quizá sea una ilusión compartida, pero los abolicionistas del papel moneda están alucinando.

 

* Elaine Ou es ingeniera en cadenas de bloques en Global Financial Access, compañía tecnológica de San Francisco. Anteriormente era profesora del Departamento de Ingeniería Eléctrica e Informática de la Universidad de Sydney.

Tags: , ,

Comments are closed.