Reestructurar la deuda es uno de los procesos más traumáticos que le puede tocar a una empresa. Del resultado depende una recuperación exitosa o la caída definitiva. Cómo trabajan los abogados, banqueros, calificadoras y asesores financieros que están detrás de estas transacciones. Los casos de TGN, Ausol, Mastellone, Metrogas, Emgasud y Socotherm.
Después del masivo default corporativo a partir de 2002 –que se dio de la mano del incumplimiento de la Argentina– luego de un período de franca recuperación, algunas empresas volvieron a tener dificultades para afrontar sus deudas. Como un déjà vu, Transportadora de Gas del Norte (TGN) fue la compañía que inauguró los casos de default en ambos períodos: cayó en cesación de pagos en enero del 2002 y –más recientemente– en diciembre del 2008, convirtiéndose en la primera cesación de pagos relevante de la era kirchnerista. Pero no fue la única.
Otras compañías, principalmente afectadas por el congelamiento de tarifas, tampoco pudieron balancear sus ingresos en pesos con los pasivos en dólares. No todas declararon el incumplimiento de sus bonos, pero tuvieron que salir a reestructurar la deuda. De hecho, muchos de estos procesos se prolongan y continúan sin una completa resolución.
Algunas esperan la homologación del Acuerdo Preventivo Extrajudicial (APE) para dar vuelta la página, mientras que otras continúan negociando con sus acreedores. En todos los casos, llevar adelante una reestructuración es un trabajo de equipo. En las negociaciones con los acreedores participan no sólo la compañía, a través de su gerente financiero, sino también un grupo de abogados (para lidiar con los bonistas locales e internacionales) y bancos que funcionan como asesores financieros en las operaciones. Todos ellos, en definitiva, son lo que tienen que “bailar con la más fea” para llevar a buen puerto la reestructuración y asegurar la viabilidad financiera de la empresa.
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