Pablo Wende - Editor Jefe de Bank Magazine
Fue necesario un llamado de Barack Obama a la canciller alemana Angela Merkel para encontrarle una salida a la crisis griega. Esa comunicación y posterior comunicado de la Casa Blanca fueron los que despejaron el camino para una recuperación de los mercados en la jornada de hoy.
Para decirlo coloquialmente, Grecia se salvó raspando. Con millonarios vencimientos de deuda en los próximos días, sin una ayuda inmediata del FMI y la Unión Europea (en particular Alemania) le resultaría imposible cumplir con sus compromisos. Una cesación de pagos griega hubiera desplazado el trono que aún hoy ostenta la Argentina, que en 2001 tuvo “el default soberano más grande de la historia”.
Puede haber muchos motivos que explican por qué finalmente Grecia recibiría un multimillonario paquete de ayuda, que no bajará de los 100.000 millones de euros (unos 130 millones de dólares) a lo largo de los próximos tres años. Pero quizás el más fuerte sea el temor a un nuevo contagio global al estilo del que provocó la caída de Lehman Brothers hace un año y medio.
En septiembre de 2008, cuando el Tesoro norteamericano le quitó el apoyo a este banco de inversión, generó un “efecto cascada” que repercutió en todos los bancos de Estados Unidos y contagió a los europeos. Se generó así la peor crisis financiera internacional desde la Segunda Guerra.
Un desplome de Grecia tendría insospechadas consecuencias, más allá de su bajo peso relativo dentro de la Unión Europea (sólo 2,5% del PBI). La bajas sucesivas en las calificaciones de Portugal y España, con el consiguiente aumento de tasas para ambos países, amenazaba con transformarse en una bola de nieve. Y los principales bancos europeos están atiborrados de bonos griegos, lo que hubiera generado también fuertes caídas en sus cotizaciones y el peligro de una nueva crisis sistémica.
La caída de Lehman dejó lecciones: hubiera sido indudablemente más barato rescatar a este banco más allá de todos los desmanejos de sus ejecutivos que lo que terminó costando la crisis financiera posterior.
Con Grecia sucede algo parecido. La primera reacción fue dejar que el país se caiga ante el manejo grosero del gobierno: falseó las estadísticas, llevó el déficit fiscal a 14% del PBI y elevó la deuda a 120% del Producto. Pero resulta preferible, en este marco, darle una ayuda especial y millonaria antes que soportar las consecuencias de un escarmiento que puede resultar demasiado caro.



