Ser rentable ya no es el único requisito que piden los accionistas a las empresas. El mercado también se preocupa porque las compañías sean “sustentables”: que ganen dinero pero respetando el medio ambiente y la sociedad en la que actúan. ¿Qué están haciendo los bancos y las firmas de servicios financieros para adecuarse a estas demandas?
Desde hace ya algunos años que los mercados están demandando algo más que rentabilidad a las compañías. Se trata de una tendencia global que ya está dando sus primeros pasos en la Argentina: ahora, los inversores también esperan que las empresas sean responsables con el medio ambiente, con la sociedad en la que actúan y con sus empleados. Es un reclamo que puede resumirse en una sola palabra: sustentabilidad.
A nivel mundial, hace ya algunos años que este concepto no es extraño para los mercados financieros. De hecho, desde 1999 existe un indicador accionario que reúne a las compañías más responsables en términos de gestión empresaria, gestión social y gestión ambiental. Se trata del Dow Jones Sustainability Index (DJSI), que en agosto pasado cumplió 10 años de existencia y que, a esta altura de su recorrido, ya reúne a más de 2.500 firmas de todo el mundo.
Para pertenecer al DJSI, las empresas deben participar de un largo proceso de evaluación y completar un extenso cuestionario. Adaptado sectorialmente, el listado de preguntas se interesa por cuestiones como el gobierno corporativo y la integridad, la gestión de riesgos, la “ecoeficiencia” o la atracción y retención del talento. La información es analizada por un evaluador independiente, y cada compañía participante obtiene una calificación. Solamente el 10% de las empresas con mejor calificación, aquellas más sostenibles a juicio de los evaluadores, son finalmente seleccionadas.
Y si bien hasta ahora ninguna empresa de capital argentino ha logrado posicionarse dentro de ese indicador, lo cierto es que también en nuestro país la sustentabilidad está haciéndose un lugar en el mundo financiero. Señales de esto son el reciente acuerdo de cooperación que firmó la Comisión Nacional de Valores (CNV) con la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación para impulsar la inclusión de la dimensión ambiental en el régimen de oferta pública (ver aparte), y el creciente desarrollo de criterios de sustentabilidad en las compañías de servicios financieros.
Las razones de la tendencia
“De manera incipiente las empresas financieras argentinas están comenzando a avanzar hacia la incorporación de prácticas que les permitan ser rentables de manera responsable con la sociedad y con el medio ambiente”, explicó Marcelo Iezzi, líder de la práctica de Desarrollo Sostenible de PricewaterhouseCoopers, consultora que en agosto de este año dio a conocer los resultados de la 1ª Encuesta sobre Desarrollo Sostenible en el Sector Privado en Argentina.

Sara Muzzio, gerente de Relaciones Institucionales del Banco Itaú en Argentina, Marcelo Iezzi, líder de la práctica de Desarrollo Sostenible de Pricewaterhouse- Coopers, y Florencia Trotta, responsable de Comunicaciones Externas de HSBC Argentina.
Según ese estudio –del que participaron 70 empresas de distintos sectores, incluido el financiero–, el 90% de las compañías locales cree que ha aumentado la presión de parte de los grupos de interés –accionistas, consumidores, empleados, etc.– para que las empresas ejerzan un mayor compromiso público. Y lo cierto es que los hombres de negocios han intentado responder a esa demanda con acciones concretas: según el estudio de Price, entre el 60% y el 70% de las empresas argentinas está implementando sistemas de beneficios para empleados que exceden las exigencias legales –gestión del aprendizaje, sistemas de medición de la satisfacción–. En tanto, el 78% ha incorporado un código de conducta y sistemas de prevención de la corrupción y del soborno a nivel interno, mientras que más del 50% está llevando a cabo monitoreos de indicadores ambientales (consumo de energía, agua, generación de residuos, emisiones de gases de efecto invernadero).
“En el caso de las empresas financieras argentinas, esta tendencia ha llevado a que se incorporen criterios de sustentabilidad tanto en el nivel interno, es decir en cuanto a sus propias prácticas, como en el nivel externo, es decir en cuanto a los productos que ofrecen”, indicó Iezzi. Un ejemplo de ello son los “productos verdes” que desde mediados de 2008 está ofreciendo HSBC en la Argentina.
“Comenzamos a mediados del año pasado, ofreciendo los seguros Autoscoring y Fortune Life Premium en su modalidad ‘verde’. Y en septiembre de este año incorporamos nuevos productos, que incluyen cuentas, tarjetas y más seguros”, explicó Florencia Trotta, responsable de comunicaciones externas de HSBC Argentina. En concreto, los “eco productos” ofrecen a los clientes del banco la posibilidad de aportar su grano de arena en el cuidado del ambiente. “Lo que ofrecemos es que los usuarios suscriban al envío del resumen de su cuenta, su tarjeta o su seguro por e-mail, de modo de ahorrar papel y ayudar a la preservación de los bosques. Además, por cada 25 personas que se comprometen a recibir su resumen electrónico, el banco planta un árbol en los alrededores del Parque Nacional Chaco, la masa forestal más importante de América detrás del Amazonas”, indicó Trotta.
La política de cuidado del ambiente es una directriz que el HSBC tiene en el ámbito mundial. En la Argentina, esta estrategia se pone en práctica tanto a través de los productos verdes como de una serie de políticas internas, que incluyen el reciclado de papel que se usa en los edificios que tiene el banco en la Ciudad de Buenos Aires y la organización de Jornadas Ambientales, en las que participan colaboradores voluntarios, entre otras cosas.
“El desarrollo sostenible implica que la rentabilidad de una empresa está necesariamente ligada al desarrollo social –tanto de los empleados de la organización como de la comunidad en que se desempeña– y a la sostenibilidad medioambiental. Sin disponibilidad de recursos naturales en el largo plazo no es posible sostener un negocio. Asimismo, los negocios no pueden ser exitosos en sociedades que fracasan”, indicó Iezzi.
El Índice de la sustentabilidad
En 1999 veía la luz una iniciativa que, según titulaba la prensa del momento, “ponía corbata al desarrollo sustentable”. Transcurrida una década desde el primer Dow Jones Sustainability Index (DJSI), aún no hay compañías de capital argentino cotizando allí. Mientras tanto, una empresa financiera brasileña, el banco Itaú, sí ha logrado hacerse un lugar entre las 2.000 más sustentables del mundo. “Lo que se privilegia es el crecimiento económico, pero de la mano del equilibrio ecológico y del progreso social”, explicó Sara Muzzio, gerente de relaciones institucionales del Banco Itaú en Argentina.
Para lograrlo, la entidad aplica una estricta política anticrimen: es muy severa en lo que hace a la prevención del lavado de dinero, e incluso imparte un curso obligatorio a todos sus empleados para ponerlos al tanto de su política antilavado. Además, la entidad adhiere a los principios de Ecuador: una serie de directrices mediante las cuales los bancos se comprometen a evaluar y a tomar en consideración en sus análisis los riesgos sociales y medioambientales asociados a las inversiones que financien. “Somos muy estrictos en ese aspecto. Hoy en día los principios establecen que hay que analizar los aspectos sociales y medioambientales que impliquen un desembolso de más de u$s 10 millones, pero Itaú ya lo hace con proyectos desde los u$s 2,5 millones”, dijo Muzzio. Todo esto, sumado a las acciones en el campo del medioambiente y del desarrollo social han permitido que el banco permanezca dentro del DJSI por 10 años, junto a unas 2.500 compañías de todo el planeta, de las cuales sólo 26 son latinoamericanas.
Ahora bien, ¿qué interés generan entre los inversores las empresas del DJSI? Todo parece indicar que cada vez son más los ahorristas que se animan a ese indicador. El DJSI World –el indicador más amplio entre los 14 índices DJSI que existen– acumula una renta del 30,5% en dólares en lo que va de este año. Y pese a la fuerte caída que sufrió en 2008 (42%), se las ingenia para sumar una ganancia del 25% en los últimos cinco años. $




