Es optimista por naturaleza y se le nota en cada frase. Tal vez sea ésa la característica principal a la hora de definir el perfil de Marcelo Blanco, presidente de la sucursal argentina del Deutsche Bank desde noviembre del año pasado. Sería difícil explicar, de otra manera, por qué decidió apostarle al país tras una exitosa carrera de 20 años en Nueva York, en la que pasó por algunos de los principales bancos de inversión de Wall Street.
Pero no sólo se trata de confiar en el futuro del país. Lo que está detrás de este ejecutivo de 47 años y padre de tres hijos es una sensación de gratitud, que probablemente se haya agrandado con tantos años viviendo en el exterior. “Me siento una persona muy afortunada y quiero devolverle a mi país todo lo que me dio”, asegura.
Y es en ese contexto, más bien alejado de los números fríos de una ecuación fi-nanciera, que justifica el plan que lleva adelante junto con otros dos bancos in-ternacionales (el Citigroup y Barclays) para ofrecer un nuevo canje de deuda a los “holdouts”, es decir aquellos bonistas que quedaron fuera de la transacción de 2005. “Negociamos con la camiseta puesta. En los tres bancos hay argentinos manejando el asunto y queremos que la propuesta sea la más conveniente para el país.” Reconoce, claro, que no siempre le creen. “Cuando explicamos nuestra postura, lamentablemente nos escuchan con algo de desconfianza.”
Durante poco más de una hora de entrevista, el ejecutivo del Deutsche se entu-siasma cuando habla de la posible recuperación de la economía argentina. Piensa que conseguirlo es más fácil de lo que se cree “pero hay una nube negra de la política que complica el día a día”. Aunque rápidamente recobra energía cuando habla del posible “deal” para arreglar definitivamente la deuda que permanece en default: “Se puede conseguir una aceptación superior al 75%, básicamente porque los fondos que tienen los bonos argentinos están dispuestos a aceptar una nueva oportunidad”. Difícil dudar de un hombre que pasó 20 años como un referente del mercado neoyorquino y vinculado en particular con el trading de bonos emergentes. Antes de re-calar en el Deutsche Bank, institución en la que lleva diez años, Blanco pasó por el Chase, First Boston y Suisse Bank.En la charla también habla de su vocación de servicio. No sólo con una activa participación en organizaciones socia-les, sino también por el deseo de intervenir en la función pública. “No quiero ser político, pero sí me gustaría ayudar al país. Me encantaría, por ejemplo, ser secretario de Fi-nanzas en 2011.”
¿Cómo llega el consorcio de bancos a presentarle una oferta al Gobierno para los bonistas que no ingresaron al canje de 2005?
–Cada una de las tres instituciones estaba acercándole al Gobierno en forma individual ideas concretas para mejorar el perfil de la deuda, que incluían al tema de los holdouts. El entonces jefe de Gabinete Sergio Massa nos invitó a dialogar y a trabajar en conjunto, maximizando así las ideas y el po-tencial de trabajo. Fue una muy buena idea, porque puso al servicio de la Argentina a tres instituciones muy sólidas con mucha experiencia en el tema y con una cobertura política regional muy fuerte. En aquel momento nos dijo que los tres bancos podíamos aportar de manera individual, pero que se-ría mucho más fuerte conformar un consorcio. Así comenzó el diálogo, hasta que llegó la presentación de la propuesta.
¿Los bancos continúan trabajando juntos para llegar a una oferta concreta?
–Nosotros seguimos colaborando, seguimos teniendo el inte-rés de ayudar a la Argentina. Y si bien se trata de entidades extranjeras, los tres que llevamos adelante las negociaciones somos argentinos y tenemos un fuerte interés como argenti-nos de ayudar al país a resolverlo. Esto nos permite un diá-logo muy franco con el Gobierno. Eso hace una diferencia enorme, porque vamos con la camiseta puesta. Yo tengo un interés muy fuerte de ser el secretario de Finanzas de la Argentina, me encantaría serlo en 2011, por ejemplo. Siento que después de 20 años de vivir en el exterior puedo aportar mi granito de arena para que esto mejore. Lo digo con mu-cho respeto a Lorenzino y a los anteriores que han pasado por ese puesto. Además, el interés de los grandes fondos que tienen deuda argentina ha cambiado, ya están hace un tiem-po razonable con estos instrumentos en sus portafolios y por la crisis mundial ya no los pueden utilizar, por ejemplo, para operaciones de financiamento.
¿Sin acuerdo con los “holdouts” la mejora de la ima-gen argentina y la reinserción internacional quedarían truncas?
–El país no puede desperdiciar más oportunidades. Si real-mente quiere volver a los mercados financieros de una manera creíble, sólida y sustentable, la atracción de los holdouts es fundamental. Asumamos que el riesgo país de la Argentina se derrumba para sus pares de Brasil, México y Chile y supongamos que hoy podría emitir al 12%. Si bien podría hacerlo, siempre va a quedar el estigma, haría falta una estructura financiera para protegerse de posibles em-bargos… Por qué no sentarte directamente con los holdouts, el Club de París, y dar credibilidad, un manto blanco de pu-reza financiera y hacer las cosas como se debe hacer, donde no se pueda cuestionar desde ningún ángulo.
¿A cuánto llegaría, en esta oportunidad, el grado de aceptación?
–De hacerse la transacción, creo que el grado de acepta-ción será alto. Pero además, para que la Argentina recu-pere credibilidad, es necesario que sea elevado. No sir-ve un 50% de aceptación, porque un juez como Thomas Griesa podría decir “¿Ves? Solamente lo aceptó la mitad”, justificando nuevos embargos. En cambio, si hacemos una transacción del 70-75%, como creemos que es muy factible, sólo quedarían los renegados. Tampoco hay que llamarlos “holdouts”, deberíamos denominarlos “late co-mers”, aquellos que no entraron en su momento, que se perdieron el crecimiento de la Argentina, pero hoy están dispuestos a ingresar. Esto es muy importante: acá hay un interés muy fuerte de los grandes fondos de arreglar esta situación con la Argentina. Acá no nos estamos jugando eliminar el fantasma del default, sino la credibilidad finan-ciera. Fuiste deudor y aún quedan sin arreglar 20.000 millones de dólares. Los tenedores necesitan ser escuchados y llegar a un acuerdo final sobre esta acreencia.

De hacerse la transacción, creo que el grado de aceptación será alto. Pero además, para que la argentina recupere credibilidad, es necesario que sea elevado. No sirve un 50% de aceptación, porque un juez como Thomas Griesa podría decir “¿ves? solamente lo aceptó la mitad”, justificando nuevos embargos. En cambio, si hacemos una transacción del 70-75%, como creemos que es muy factible, sólo quedarían los renegados.

De hacerse la transacción, creo que el grado de aceptación será alto. Pero además, para que la argentina recupere credibilidad, es necesario que sea elevado. No sirve un 50% de aceptación, porque un juez como Thomas Griesa podría decir “¿ves? solamente lo aceptó la mitad”, justificando nuevos embargos. En cambio, si hacemos una transacción del 70-75%, como creemos que es muy factible, sólo quedarían los renegados.
DEUDA Y CUENTAS PÚBLICAS
Durante parte de 2008 y sobre todo el 2009 el Gobierno se las arregló con fondos de la ANSES, Banco Central y otros organismos públicos para pagar deuda. ¿Estamos llegando a la conclusión de que “vivir con lo nuestro” desde el punto de vista financiero tampoco es sustentable?
–Todo depende del ciclo económico: si tenés crecimiento, los recursos del Gobierno suben porque recauda más im-puestos y se puede arreglar. Pero un país que quiera crecer a largo plazo, de manera sostenida, sí o sí necesita estar en el radar de crédito de los inversores internacionales. No me canso de decirlo. Y cuando digo “crédito” no lo digo a nivel soberano, digo crédito al sector privado. Hoy las empresas argentinas que consiguen crédito sólo lo hacen a través de líneas de comercio exterior, que siempre estuvieron dispo-nibles para la argentina. Puede fluctuar o no el precio, lo que antes una empresa de primera línea se endeudaba a Libor más básicos, hoy lo está haciendo a Libor más 400 puntos básicos.
El país presenta un deterioro tanto en sus cuentas pú-blicas como en la actividad económica. ¿Este contexto complica relanzar la oferta que se había conversado hace un año, cuando se iniciaron las negociaciones?
–La economía argentina es muy fácil de arreglar, pero está salpicada por esta nube negra política y los conflictos que afectan en el día a día. Hay tres o cuatro indicios que podrían revertir esta situación. Todo pasaría por una mejora en los ingresos, pero la recaudación no depende de imponer más impuestos en una economía estática. La clave es mantener la misma estructura impositiva en una economía que cre-ce. Hoy la sociedad argentina debate las retenciones, pero nadie está pensando que un gesto del Gobierno a través de una reducción, aunque sea menor, podría generar un im-pulso tan fuerte en el sector exportador y de producción de granos que va a más que compensar por mucho la pérdida que tenemos hoy. Es una cuestión de confianza. Una de las principales causas es la falta de un sector privado fuerte e instituciones sólidas, tal como sucede en Brasil.
¿Cree que al sector privado le falta protagonismo?
–La mayoría de las empresas grandes que tienen incidencia fuerte en la economía argentina son extranjeras. Tampoco tienen una presencia muy fuerte en la Bolsa, la parte del mercado de capitales no te ayuda. Además, es preocupante la falta de voluntad propia de gente que trabaja en el sector privado de participar en el Estado. La clase dirigente argen-tina no tiene esa renovación de sangre tan necesaria. Tam-poco en el sector público hay demasiado interés en reclutar gente del sector privado, aunque creo que tiene que ver con las dificultades para atraerla.

“Es preocupante la falta de voluntad propia de gente que trabaja en el sector privado de participar en el estado. La clase dirigente argentina no tiene esa renovación de sangre tan necesaria. Tampoco en el sector público hay demasiado interés en reclutar gente del sector privado, aunque creo que tiene que ver con las dificultades para atraerla”.
LA ECONOMÍA POSTELECTORAL
¿Cómo sigue el país después de las elecciones?
–El Congreso es débil y los resultados los vimos en la reciente votación por las facultades delegadas. Después del 28 de junio pensé que íbamos a tener un Poder Legislativo que, por lo menos, iba a representar la voluntad electoral. Eso no fue reflejado en las últimas decisiones. Creo que los dirigentes todavía no son conscientes de que a sus espaldas la representación del pueblo. Lo digo con mucho respeto, pero tener la representación del pueblo en los hombros es una tarea que implica mucho compromiso y mucha responsabilidad social y moral.
Antes habló de la necesidad de recuperar la confianza, ¿se puede lograr esto con un gobierno que falseó las estadísticas del INDEC y que lleva adelante un discurso con fuerte sesgo antiempresario?
–Siempre hay tiempo para dar marcha atrás. Los mercados dan todos los días evidencias claras de que tienen corta me-moria. La rescisión de los contratos del fútbol, por ejemplo, no ayuda. Es una señal política muy mala hacia el exterior. El impacto económico es bajo sobre Clarín, pero el mensaje que enviás al mundo es: en la Argentina, una vez más, no respetan los contratos. Por un lado, hay una intención muy fuerte de querer mejorar el frente externo. Ahí habría un menor intervencionismo. Pero en el orden interno vemos lo contrario. Es difícil dar una lectura clara de la situación cuando tenés señales encontradas.
¿Cómo se hace para reactivar al mercado de capitales tras la nacionalización de las AFJP?
–En 2001 cuando fue el default todos dijeron que la Argentina nunca más iba a volver a los mercados. Pero el mercado tiene poca memoria. El Gobierno tiene una posición importante y estratégica: las acciones de las empresas. Una señal muy fuerte de diálogo del Gobierno sería encontrar un mecanismo para que estas acciones vuelvan al mercado, ése sería un gesto muy bien tomado por el mercado financiero. Se pueden hacer licitaciones públicas o retirar deuda; se podría establecer un programa para retirar deuda pública a cambio de acciones. La ANSES hoy tiene un stock muy fuerte de acciones en empresas públicas que por falta de liquidez cae en precio. Pero hay mucho interés privado de adquirir estos paquetes de empresas. Me parece una manera mucho más efectiva de financiarse para el Gobierno.
UNA NUEVA OPORTUNIDAD
¿Cómo ve la situación de la economía internacional? –Estamos viendo mejor a Estados Unidos que a Europa. A través de una gran inyección de capital se consiguió mover al elefante, que es la economía norteamericana. El nivel de consumo muestra signos alentadores, aunque es preocupante el alto nivel de endeudamiento en las tarjetas de crédito del público, aunque con esta inyección creo que se irá solucionando. La pregunta es cómo absorberán el dinero que fueron volcando en los últimos meses, les va a costar, pero tanto el Tesoro como la Reserva Federal lo irán consiguiendo paulatinamente. Pero no veo a la inflación como un problema serio. Me preocupa más Europa, que reacciona en forma más lenta. Eso sí, veo a América latina muy fuerte.
¿Y la Argentina podrá subirse a esta ola de recuperación que se vislumbra en el mundo?
–No podemos seguir perdiendo oportunidades. Se puede culpar a la crisis internacional, pero alcanza con comparar el riesgo de Brasil contra el riesgo argentino. Hace dos años y medio estábamos igual, ahora el de la Argentina es el tri-ple. Ahí surge el componente endógeno que afecta al país. Lo estamos viendo en países como Colombia, Brasil, Perú, México, Panamá. Todos tuvieron acceso al mercado inter-nacional en los últimos dos meses. Y la Argentina no lo ha tenido, ni a nivel privado, ni a nivel externo. Agosto fue mes récord desde 2003, con u$s 35, 5 billones de colocación de deuda de mercados emergentes.
¿Los títulos públicos tienen margen para continuar su recuperación, tras la caída del riesgo país a unos 900 puntos?
–Está todo dado para que haya una compresión rápida de unos 300 o 400 puntos adicionales. Técnicamente, las con-diciones juegan hoy a favor de la Argentina. Hay capital para ser aplicado a los países emergentes. Además, un exceso de oferta en relación con la demanda, ya que los países emer-gentes son pagadores netos de deuda. Brasil y México re-compran y cancelan más deuda de la que emiten. Chile lo mismo. Entonces, hay un capital excedente que tiene que ser aplicado a los mercados emergentes y siempre está buscan-do retornos atractivos. En términos relativos, el rendimien-to de los bonos argentinos es muy superior al de otros países de la región que también presentan niveles de riesgo alto, como el caso de Venezuela. Además, los fondos del exterior tienen una participación muy chica en activos argentinos y tienen espacio para aumentarla.
Entrevista: Pablo Wende / Fotos: Rosana Schoijett





