
Claudio M. Loser - Miembro de Centennial-Group y Diálogo Inter-Americano de Washington. Ex director del Fondo Monetario Internacional.
En meses recientes he hecho alusión a la permanencia y relevancia de historias mitológicas y en especial el paralelo del Fondo Monetario Internacional (FMI) con la mitología griega. La reaparición del FMI en la escena financiera internacional lleva a pensar en el Ave Fénix, que surge de las cenizas después de haber sido sacrificado. Fénix es símbolo del renacimiento y la inmortalidad, ciertamente una expresión exagerada para la realidad de una entidad atacada y ciertamente no gloriosa como lo es el FMI. Pero claramente, el FMI ha irrumpido nuevamente en la escena financiera internacional con una fuerza inusitada, o utilizando la expresión en inglés, with a vengance.
No es ésta la primera vez que el FMI resurge de las cenizas. El viejo Fondo fue creado hace más de 60 años, y fue el prestamista de última instancia en muchas crisis. Su rol fluctuó entre periodos en que se pensaba que la institución era imprescindible, como en la crisis petrolera de 1973, la crisis de la deuda de los ’80, la caída de la Unión Soviética y las crisis asiáticas y latinoamericanas en los ’90. A estos eventos seguían períodos de olvido y de especulación acerca de la posible desaparición de la institución.
Desde 2001 el mundo se embarcó en lo que fue el periodo de crecimiento económico sostenido más significativo de la historia económica reciente. Durante la compleja década de los ’90, se desarrolló una gran antipatía al FMI, cuando éste pedía ajustes, en gran medida necesarios dada la fragilidad de la posición externa de la región. La posición macroeconómica de América Latina es mucho más fuerte después de años de crisis, debido a los cambios en la gestión económica en muchos de los países. Aun cuando para el autor de esta nota las mejoras reflejan una aceptación generalizada a mantener políticas prudentes, tal como el FMI recomendaba, el despecho a la institu-ción creció muy fuertemente. Ello era en parte atribuible a la fuerte condicionalidad y presunta insensibilidad política por parte de la institución. Así perdió prestigio la institución no solamente entre los países emergentes, sino en el consenso político de muchos países desarrollados.
Un cambio de visión
La crisis internacional que aún afecta a la economía internacional cambió fundamen-talmente la visión acerca de los organismos internacionales y en especial el FMI. Las reuniones del G-20, el foro económico internacional probablemente más representativo de la economía mundial hoy en día, pusieron en manifiesto la necesidad de reubicar al FMI en el centro del sistema. En la reunión de abril pasado, el G-20 demostró un fuerte compromiso al anunciar un paquete de apoyo a la economía internacional que alcanzaba el billón de dólares. Dentro de ese esquema fue muy importante la nueva asignación de Derechos Especiales de Giro, la moneda virtual del FMI, más conocida por sus siglas en inglés, SDRs. Una asignación equivalente a US$ 250.000 millones se hizo efectiva el día 28 de agosto, mientras que otra asignación adicional de aproxi-madamente US$ 33.000 millones se hará efectiva a principios de septiembre. De este total de recursos la Argentina recibirá aproximadamente US$ 2500 millones, sin nin-guna condicionalidad.
Por otra parte, el FMI tiene ahora la capacidad de movilizar unos US$ 500.000 millones adicionales, entre sus recursos propios y los adicionales gracias a préstamos especiales de distintos países, entre ellos los EE.UU., Japón, China, Rusia y Brasil. De acuerdo a la información difundida por el FMI, la organización “ha flexibilizado en forma importante sus mecanismos de préstamo. En el marco de las medidas destina-das a respaldar a los países durante la crisis económica mundial, el FMI ha aprobado una importante revisión de la forma en que otorga préstamos a fin de ofrecer montos más elevados y adaptar las condiciones de los préstamos en función de la solidez de los países. El FMI anunció la creación de una nueva línea de crédito flexible para los países en que los fundamentos económicos, las políticas y la implementación de po-líticas han sido muy sólidos. Una vez aprobados, estos préstamos —que representan una especie de seguro para los países con un sólido desempeño económico— pueden desembolsarse en su totalidad, cuando sea necesario, en lugar de estar condicionados a compromisos en materia de políticas, como sucede en el caso de los programas tra-dicionales”. La institución también anunció que duplicaría los límites de acceso a los préstamos no concesionarios, reforzaría los tradicionales acuerdos stand-by y simplifi-caría las condiciones de los préstamos.
Los nuevos créditos
La nueva Línea de Crédito Flexible (FCL) está limitada a aquellos países que cumplen estrictos criterios de calificación; los giros sobre esta línea de crédito no están sujetos al cumplimiento de objetivos de política acordados con el país. La flexibilidad incorpo-rada en el diseño de la LCF está relacionada a su acceso sin límite fijo, sus plazos de reembolso largos (entre 3,3 a 5 años), el hecho de ser renovable de manera irrestricta y su uso para necesidades de balanza de pagos efectivas y de carácter precautorio. Las reformas también proporcionan flexibilidad en la concesión de préstamos a los países que no reúnen los requisitos necesarios para acceder a la LCF y necesitan un mecanismo de préstamo similar. Estos acuerdos tienen en cuenta las circunstancias específicas de cada país y permiten que el acceso se concentre al principio del acuer-do en función de la solidez de las políticas. Además, se duplican límites de acceso al financiamiento y se simplifican las estructuras de costos y vencimientos del FMI.
México ya recibió una línea de crédito de 47.000 millones de dólares, sobre la base de su desempeño. Los desembolsos no son por etapas ni condicionados al cumpli-miento de objetivos de política como en los programas tradicionales del FMI. Colom-bia, a su vez, recibió un préstamo por 15.000 millones de dólares, y Polonia otro monto importante bajo el mismo esquema.
Por cierto que no todos los países pueden acceder a esta línea de crédito. Países del continente, entre ellos Costa Rica, El Salvador y Guatemala, han recibido montos importantes. Por otra parte se han movilizado gran cantidad de fondos a países de Europa (Islandia, Ucrania, Hungría y los países bálticos y en Asia (Pakistán) con gran celeridad. Si la Argentina desea recursos, tendrá que tomar medidas de importancia en el área fiscal federal y provincial, de inflación y transparencia (léase INDEC). Por ello el mecanismo más importante al que puede acceder el país es un préstamo de tipo tradicional, como son los Stand-Bys. Sin embargo, aun dentro de los esquemas tradicionales de préstamo, el FMI hará hincapié sólo en condiciones macroeconómicas centrales, a diferencia de las prácticas en el pasado. Además de ello, la Argentina ten-drá que regularizar su situación frente a dos grupos de acreedores por lo menos –el Club de París, que representa a los acreedores oficiales de las principales economías del mundo, y los “holdouts” que no aceptaron el canje de bonos externos en 2005–.
Aun cuando desde un punto de vista financiero la Argentina se vería beneficiada por un préstamo importante del FMI, y a tasas relativamente bajas, el grado de descon-fianza a la institución llevará algún tiempo en ser corregido. Por ello, los primeros con-tactos tendrán que darse a través de la consulta del Artículo IV, que cumplen práctica-mente los 185 países miembros del FMI. Tras la discusión de políticas que rodea a esta consulta, quizás sea posible acordar los principios básicos de una negociación que a la larga llevarían a que Argentina pudiera entrar nuevamente a los mercados financieros internacionales que tanto necesita. ®
Por: Claudio M. Loser
Miembro de Centennial-Group y Diálogo Inter-Americano de Washington. Ex director del Fondo Monetario Internacional.



