En noviembre de 2008, el Gobierno –vía sanción de un proyecto en el Congreso– dictaminó el acta de defun-ción de las AFJP, tras catorce años de sistema de capi-talización. Todos los recursos que manejaba el sistema (tanto el stock como el flujo) pasaron a manos de la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES). El ex director ejecutivo, Amado Boudou (ahora al frente del ministerio de Economía), recién a mediados de mayo dio a conocer un informe donde explica el uso de los fondos hasta el 30 de abril.
Hace casi siete meses, unos 200 días, que el organismo se transformó en un jugador central en el mercado de capita-les, que de la noche a la mañana se quedó con escasos juga-dores de peso capaces de financiar la colocación de deuda o los planes de expansión de las empresas.
La política de inversiones del organismo era –y aún hoy lo es– uno de los misterios mejor guardados, incluso después de la presentación ante la Comisión Bicameral de Control de Fondos de la Seguridad Social. Sucede que para los especia-listas consultados por Bank Magazine, el criterio utilizado a la hora de canalizar fondos a las empresas y proyectos no es claro. Es más, hablan de un alto nivel de discrecionalidad y de un criterio político que se encolumna con los deseos oficiales. Para el mercado, el impacto es doble. A la vertiginosa caída en los volúmenes operados se suma (mucho más preocupante) la irrupción de los directores que representan a la ANSES en empresas cotizantes. El lógico temor empresario es que el Estado se inmiscuya en las decisiones del mana-gement. “Los argentinos somos dueños de Nordelta”, llegó a decir Néstor Kirchner desde el atril, haciendo referencia al 26,62% que tiene el organismo previsional en Consultatio, la empresa de Eduardo Costantini. Lo concreto, según la primera y hasta ahora única informa-ción oficial, es que la cartera del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) asciende a $ 101.989 millones a finales de abril. En el análisis desagregado, no se aprecian aún demasia-dos cambios en comparación con lo que tenían las AFJP.
La deuda del Estado (títulos públicos, Letras del Tesoro y préstamos al Gobierno Nacional garantizados) ocupa el primer lugar, representando el 58,5% del total o $ 59.673 millones. Lo que resulta llamativo es que no hay datos oficiales sobre el porcentaje de cada bono en cartera, como sí ocurre con la tenencia en acciones y la participación en las colocaciones de deuda privada. Se sabe que a pesar de no participar activamente en el mercado secundario, la ANSES –a través de algunas sociedades de Bolsa– compra y vende bonos. Según cálculos del mercado, por ejemplo, el organismo tendría U$S 225 millones (el 10% del total que vence en agosto) de BODEN 2012 y el 29% del cupón PBI. En cambio, el informe oficial consigna que compró la totalidad de la emisión de los Bonar 2016 en pesos por un total de $ 5.350 millones.
Este papel se utiliza para reemplazar a las Letras del Te-soro en poder de la ANSES cuando tienen lugar sus ven-cimientos. “Cuando funcionaban las AFJP las inversiones eran públicas. Una vez por mes tenías un cuadro bien deta-llado de la composición de las carteras. Hoy esto no existe, por lo tanto deja mucho espacio para el manejo discrecional”, sostiene Juan Pablo Vera, jefe de análisis financiero de Tavelli & Cía.
Universo empresario
El segundo ítem donde ANSES tiene un peso relevante, mucho menor que en los títulos públicos, son las acciones que cotizan en Bolsa. Tiene invertidos $ 10.946 millones, monto que representa el 10,7% de la cartera. Por herencia de las AFJP, el organismo tiene más del 26% del capital accionario de Edenor, Macro, Consultatio, Distribuidora de Gas Cuyana, Gas Natural Ban, San Miguel y Siderar, entre las más importantes. La presencia estatal despierta interrogantes por la injerencia en las decisiones de las em-presas. “Hay mucha incertidumbre, no se sabe si esto va a afectar a las políticas de dividendos en el futuro, o sea si las compañías van a poder distribuir utilidades o no”, dice Miguel Kiguel, director de Econviews.
Las dudas con la ANSES como el gran jugador de merca-do no sólo se manifiestan en el peso dentro de las empresas, sino que desde que desaparecieron las AFJP el volumen operado cayó significativamente. En la Bolsa de Comercio, durante 2008 se negociaban alrededor de $ 2.000 millones mensuales en acciones, monto que se hundió a $ 600-700 millones por mes post estatización (una baja de 70%). Lo mismo ocurre en el Mercado Abierto Electrónico (MAE), donde cotizan los bonos. Si bien las autoridades de la institución quisieron tentar al organismo para que opere en el mercado, tal como lo hace el Banco Central, aún no hubo noticias. El caudal de negocios, mayo de este año contra mismo mes del 2008, cae 66%.
“No es interés de la ANSES empezar a vender papeles. Nosotros no somos un accionista que necesita la liquidez inmediata, esto debería llevar tranquilidad a los empresarios”, le había dicho Sergio Chodos, subdirector del Fon-do de Garantía de Sustentabilidad de la ANSES, a Bank Magazine. De todas formas, en el mercado creen que, a mediano plazo, la desinversión en ciertos activos puede ser un hecho. Sucede que el 60% de la cartera es inflexible (por tener bonos del Estado), con lo cual para mantener el ritmo de “gastos” o inversiones, tendrá que salir a desprenderse de tenencias. “Todo esto es negativo para el mercado de ca-pitales, porque no hay un substituto de las AFJP para las empresas. Creo –agrega Kiguel– que el problema es que al ritmo actual la plata se les va a acabar en dos años y no van a tener activos líquidos. Los fondos se van colocando, pero la plata que ingresa como intereses y aportes (flujo por contribuciones de cargas sociales de $ 15.000 millones por año) se la apropia el Tesoro porque necesita cubrir la brecha financiera.”
Menos del 2% representan las Obligaciones Negociables, otro mercado que quedó huérfano tras la estatización. ANSES estuvo participando en algunas colocaciones: com-pró el 100% del bono de AYSA por $ 265 millones y el 84% de la ON de Central Termoeléctrica Belgrano y Timbúes por U$S 251 millones. Ya en las últimas semanas le compró bonos a Mercedes Benz Compañía Financiera, Aluar y Grimaldi. Utilizó en total $ 1.600 millones en nueve ope-raciones de deuda privada, aunque luego del 30 de abril se sucedieron otras operaciones. Hoy financia, en promedio, hasta el 50% de una emisión cuando las AFJP compraban hasta el 85%. La incógnita y limitación de las empresas es conseguir quién financie esa brecha para que una coloca-ción sea exitosa.
Discrecionalidad y poca transparencia
La pieza fundamental de las inversiones de la ANSES que, dice, es para “preservar el nivel de empleo y el cre-cimiento de la economía”, son partidas totalmente dirigi-das. El organismo dejó de licitar plazos fijos a los bancos para que éstos canalizaran fondos a actividades produc-tivas (utilizaron $ 1.935 millones). Las colocaciones a pla-zo en los bancos ascienden a $ 10.295 millones (10% de la cartera). Pero, ahora, vuelcan recursos en forma directa, sin intermediarios. La nueva política de asignación de recursos muestra que se gastaron $ 1.350 millones para el fideicomiso destinado a obras viales, U$S 70 millones como préstamo a General Motors, comprometió u$s 1.500 millones para créditos hipotecarios (representa el 5% del FGS) y el rescate conjunto con Banco Nación para la papelera Massuh, entre otras. “La ANSES se convirtió en el nuevo gran banco de la Argentina. El Gobierno encontró en el manejo directo de los fondos previsionales una fuente de financiamiento para todo lo que se le ocurra, y la sensación es que el uso que se les está dando a los fondos es muy agresivo y poco transparente”, consideró Victoria Giarrizzo, directora del Centro de Economía Regional y Experimental (CERX). “Ya no es tanto la búsqueda de rentabilidad sino cumplir con objetivos políticos con un mínimo de rentabilidad”, agrega Kiguel.
Chodos le explicó a esta revista el argumento oficial: “Para la ANSES la prioridad no es la rentabilidad sino la creación de empleo y eso es lo que miramos cuando partici-pamos en la compra de un activo financiero como una obli-gación negociable. Hay que tener en cuenta que los aportes de los trabajadores activos son la fuente central del fondeo para el pago de los futuros jubilados”.
Pero la crítica de los economistas, más allá del retorno sobre la inversión, es el impacto real en el nivel de activi-dad. Giarrizzo dice que los planes para adquirir electrodo-mésticos y otros productos no funcionan. “Como política económica, eso no sirve en un contexto de tanta incerti-dumbre donde el problema no es tanto que los bancos no otorguen crédito sino que la gente tampoco quiere tomarlos”, afirma.
Texto: Leandro Gabin





