Fraude Corporativo: Cuando el enemigo está dentro de casa.

Es recién cuando la marea baja, que uno sabe quién es que estaba nadando desnudo”, dijo una vez Warren Buffet, el célebre gurú de los mercados y uno de los hombres más ricos del mundo. Pero nunca
como hoy sus palabras estuvieron tan vigentes, dado que la crisis económica y financiera que sacude al mundo entero puso en evidencia algunos de los casos de fraude corporativo más resonantes de la historia moderna.

Personajes como Bernard Madoff y Allen Stanford, y casos de gran corrupción como el que provocó el ocaso de un gigante como lo era la aseguradora norteamericana AIG (American International Group) dejaron al descubierto los escasos controles que existen en el mundo empresario, así como los bajos niveles de prevención de las compañías frente a posibles engaños en el seno de sus mismas organizaciones.
Los números son elocuentes. De acuerdo con una encuesta que Kroll Internacional encomendó a The Economist y que se realizó entre 890 altos ejecutivos en todo el mundo, el 85% de las compañías sufrió algún tipo de fraude en los últimos tres años, mientras que entre las grandes empresas el 90% reconoció haber sido víctima de engaños. El sondeo reveló que la pérdida promedio de las empresas debido al fraude creció asimismo en 2008 en un 22%.
Los especialistas coinciden en que los fraudes corporativos crecen de manera proporcional a la magnitud de las crisis, en gran medida, producto de la mayor rotación de empleos y los fuertes ajustes que realizan las empresas para sobrevivir a un contexto de escaso financiamiento, y que muchas veces las deja más expuestas a sufrir las manipulaciones de unos pocos empleados.
Martín Ghirardotti, CEO de Resguarda, una compañía que ofrece un servicio integral para el reporte de irregularidades dentro de organizaciones, lo explica de manera clara: “Cuando empeora la situación económica, y las empresas no dudan en echar empleados, entonces algunos de ellos se deciden a cometer irregularidades. ‘Es ahora o nunca’, piensan”. Como se echa gente, además hay controles que antes se repartían y que ahora se concentran en unos pocos, por lo que pueden salirse con la suya de manera más fácil.
En los malos momentos, cuando los márgenes de ganancia se achican, también las empresas ponen mayor énfasis en el control de sus costos, por lo que fraudes que en el pasado eran inadvertidos hoy empiezan a cobrar relevancia. “Una empresa que tiene ganancias del 20%, si pierde un 2% por fraudes no investiga. Pero cuando los números están al límite se empiezan a preocupar”, subraya Juan Cruz Almirante, director de Auditoría Forense de Kroll Argentina.
informe31Los casos de corrupción pueden nacer desde lo más alto de una compañía, aunque la mayoría de los expertos consultados advierte que rara vez los fraudes cometidos por gente de mayor educación y cultura son descubiertos. Por lo general, son las personas de educación media o baja las más expuestas a ser detectadas por las redes de seguridad de las corporaciones, dado que no siempre miden adecuadamente los riesgos de su accionar. Asimismo, explica Ghirardotti, existe una relación entre el monto del fraude y la antigüedad y la edad del trabajador. “Es porque la gente de más edad suele tener cargos más altos y de más responsabilidad dentro de la compañía. Mientras que la antigüedad hace que si uno se juega, se juega del todo, porque obviamente tiene mucho más para perder que alguien que recién arranca a trabajar en la empresa”, apunta el ejecutivo.
En el mundo, no obstante, las acciones de prevención son todavía algo escasas. Y en la mayor parte de América Latina, las empresas suelen actuar recién una vez que los hechos de corrupción son detectados. En la Argentina, la debilidad en materia de seguridad de las organizaciones es alarmante, ya que según un estudio realizado por KPMG Argentina entre 1.400 directivos de empresas que
operan en el país, la mayoría reconoció que descubren los fraudes de manera “accidental”. No sorprende luego que el 66% de los ejecutivos sondeados por KPMG Argentina, en el período comprendido entre 2007 y 2008, considere que podría ser víctima de fraude, mientras que el 41% confirma haberlo sido.

Las actividades más riesgosas

Entre los sectores más propensos a registrar irregularidades se encuentran el de la construcción y el de recursos naturales, según se desprende de la investigación de Kroll. Aunque en KPMG también incluyen en cabeza de la lista a la industria financiera. “El uso indebido de los fondos es percibido como una característica de la cultura de negocios argentina; el quedarse con la denominada caja chica es algo común”, señala Diego Bleger, director de Forensic, una unidad de KPMG.
En las empresas establecidas en la Argentina, la modalidad del fraude más habitual es la del robo de activos físicos, aunque también tienen gran incidencia los conflictos de intereses en la dirección local, la malversación financiera y la corrupción y el soborno.
informe2Curiosamente, pese al creciente nivel de corrupción que se registra en las empresas locales, son muy pocos los casos que llegan a ser penalizados. Uno de los grandes obstáculos, aseveran los expertos, pasa por la Justicia laboral, que muy pocas veces falla en contra de los empleados, pero también pesa a la hora de hacer público un fraude la propia reputación de la compañía.
De ahí que las empresas en la Argentina opten por alcanzar acuerdos privados con sus empleados, sobre todo las compañías multinacionales. “Muchas veces, las multinacionales prefieren que el fraude no se filtre y no avanzan por la vía judicial. Incluso terminan pagándole una indemnización al empleado y hasta dándole referencias positivas”, apunta Matías Nahón, Office Head de Kroll Argentina.
La clave para reducir las irregularidades en el sector corporativo, concluyen los especialistas en fraude, pasa entonces por que las compañías locales logren tener una mayor conciencia de las restricciones que las irregularidades tienen sobre el negocio. Tal vez la crisis económica y financiera local les dé el primer empujón.

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